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11-03-2019. Fukushima, 2018-2019 (para el movimiento antinuclear nipón), de Salvador López Arnal, Rebelión.org. Un repaso bien documentado y completo, que permite el seguimiento en profundidad, y con derivaciones, de este año decisivo.

11-03-2019 Japón (y Fukushima) en 2019, por Seiko Nishikawa y Miguel Muñiz, Rebelión.org. Un repaso de las principales facetas de la política de normalización, impuesta por las élites empresariales y políticas.

11-03-2019 La memoria y el presente, Fukushima 2019. en Diario El Salto. "En una catástrofe nuclear, como en una guerra, la primera víctima es la verdad: por eso la posición de Japón en el índice internacional de libertad de prensa pasó del puesto 22, en 2011, al 67 en 2018." , por Seiko Nishikawa y Miguel Muñiz. Un análisis de la trayectoria entre 2011 y 2019.

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Fukushima 2019 en once apuntes recientes

Uno. Las Olimpiadas como punto de partida de la normalización. Un logro de la voluntad de las élites dirigentes y un reto. En mayo de 2011 el Comité Olímpico Internacional, abre el plazo de presentación de candidaturas para los Juegos Olímpicos de 2020, en un país medio devastado los que mandan y gobiernan en Japón ven su oportunidad; no han pasado ni tres meses desde el inicio de la catástrofe, entre restricciones eléctricas, colas, desplazados, toneladas de ruinas, tres reactores en fusión desatada, etc., se presenta la candidatura. En septiembre de 2011 el COI anuncia seis ciudades candidatas; en mayo de 2012, sólo quedan tres; el 10 de septiembre de 2013, Tokio es elegida. El reto se concreta: siete años para conseguir una normalidad o algo que se le parezca.

Dos. Estamos en febrero de 2019, la normalización exige cumplir unos plazos. Se abre la convocatoria para reclutar voluntarios olímpicos. Pese al ingente esfuerzo de propaganda desarrollado en los últimos cinco años, la afluencia no es entusiástica. No hay resistencia política ni social activa, pero hay muchos casos de resistencia ciudadana pasiva.

Tres. Desplazados que no vuelven. En 2017 el gobierno japonés retiró las ayudas económicas a los considerados desplazados voluntarios. Automáticamente esas personas dejaban de figurar en las listas de desplazados. La medida es parte de las políticas de presión para que regresen a sus antiguos municipios de residencia en la prefectura de Fukushima, ahora declarados descontaminados y seguros tras haber elevado a 20mSv/año el nivel legal de radiación. Pero los datos recogidos a principios de este mes de marzo muestran que los desplazados menores de 50 años, que son la inmensa mayoría, no piensan regresar, pese a que se edifican centros sociales y escuelas para atraerlos.

Cuatro. Venga o no a cuento, las actividades olímpicas se relacionan con Fukushima. La política de normalización implica ese vínculo. El 6 de marzo se informa que el recorrido de la antorcha olímpica se iniciaría en un campo de entrenamiento de fútbol, cerca de los reactores que aún mantienen una reacción nuclear incontrolada.

Cinco. La resistencia pasiva ciudadana se manifiesta cuando los proyectos de normalización implican socializar la contaminación radiactiva. Unos 14 millones de metros cúbicos de tierra y desechos contaminados por debajo de 8.000 becquerels por kilogramo deben mezclarse con materiales no contaminados para ser reutilizados en obras de cimentación, cubrimientos o directamente como tierra de parques. El objetivo del gobierno es que sólo 30.000 metros cúbicos vayan a un almacén definitivo. Esa reutilización dentro de la prefectura, etiquetaría Fukushima como radiactiva, dispersarlos por otras prefecturas levanta protestas, porque algunas ya tienen residuos propios, o ya han recibido una parte.

Seis. El agua radiactiva irá a parar al Océano Pacífico más pronto o más tarde. TEPCO sabe que los 900 depósitos que contienen una parte, y que rodean la central devastada, no pueden quedarse allí las décadas o centenares de años (en función de los isotopos) hasta que disminuya la radiación. Las presiones para verterlos al océano usando diversos maquillajes de descontaminación parcial han aumentado desde enero, porque el volumen de agua radiactiva no para de crecer.

Siete. Se destinan fuertes sumas de dinero a rehabilitar zonas radiactivas y a actividades de normalización, pero la mayoría de la sociedad se mantiene al margen. Se realizan actividades folclóricas y culturales en municipios considerados descontaminados, pero con una asistencia escasa.

Ocho. La normalización supone dar un barniz cultural a la catástrofe en curso, y banalizarla turísticamente siguiendo los ejemplos de Chernóbil o Nueva Orleans. Agencias como Tohoku, organizan circuitos por la prefectura con un doble objetivo: demostrar que la radiactividad no es algo grave, y comerciar con la sensación de riesgo de adentrarse en zonas contaminadas por tiempo limitado.

Nueve. Pese a toda la propaganda desplegada, conseguir datos reales y fiables de los impactos de la contaminación radiactiva en la salud de la población es prácticamente imposible. Las denuncias de esta situación se conocen más en el extranjero que en el interior de Japón, donde impera una política de control de la información férrea. El objetivo final de la normalización es convertir lo sucedido en Fukushima en un accidente industrial más, haciendo invisibles las secuelas de una catástrofe irreversible.

Diez y once. La banalidad informativa contrasta con los desesperados esfuerzos de los grupos concienciados para dar a conocer la realidad. Mientras en Japón los medios difunden cualquier banalidad que apuntale la normalidad en Fukushima (en este caso es un tema culinario, pero hay otros muchos). Científicos y altos responsables políticos, que han sufrido campañas de descrédito y acoso en Japón, realizan giras internacionales para dar a conocer lo que está sucediendo y las consecuencias no conocidas de una catástrofe nuclear.

 

Fukushima 2019 en onze apunts recents

Un. Les Olimpíades com a punt de partida de la normalització. Un assoliment de la voluntat de les elits dirigents i un repte. Al maig de 2011 el Comitè Olímpic Internacional, obre el termini de presentació de candidatures pels Jocs Olímpics de 2020, en un país mitjà devastat els que manen i governen a Japó veuen la seva oportunitat; no han passat ni tres mesos des de l'inici de la catàstrofe, entre restriccions elèctriques, cues, desplaçats, tones de ruïnes, tres reactors en fusió deslligada, etc., es presenta la candidatura. Al setembre de 2011 el COI anuncia sis ciutats candidates; al maig de 2012, només queden tres; el 10 de setembre de 2013, Tòquio és triada. El repte es concreta: set anys per aconseguir una normalitat o alguna cosa que se li sembli.

Dos. Estem al febrer de 2019, la normalització exigeix complir uns terminis. S'obre la convocatòria per reclutar voluntaris olímpics. Malgrat l'ingent esforç de propaganda desenvolupat en els últims cinc anys, l'afluència no és entusiàstica. No hi ha resistència política ni social activa, però hi ha molts casos de resistència ciutadana passiva.

Tres. Desplaçats que no tornen. En 2017 el govern japonès va retirar les ajudes econòmiques als considerats desplaçats voluntaris. Automàticament aquestes persones deixaven de figurar en les llistes de desplaçats. La mesura és part de les polítiques de pressió perquè tornin als seus antics municipis de residència en la prefectura de Fukushima, ara declarats descontaminados i assegurances després d'haver elevat a 20mSv/any el nivell legal de radiació. Però les dades recollides a principis d'aquest mes de març mostren que els desplaçats menors de 50 anys, que són la immensa majoria, no pensen tornar, malgrat que s'edifiquen centres socials i escoles per atreure'ls.

Quatre. Venja o no a conte, les activitats olímpiques es relacionen amb Fukushima. La política de normalització implica aquest vincle. El 6 de març s'informa que el recorregut de la torxa olímpica s'iniciaria en un camp d'entrenament de futbol, prop dels reactors que encara mantenen una reacció nuclear incontrolada.

Cinc. La resistència passiva ciutadana es manifesta quan els projectes de normalització impliquen socialitzar la contaminació radioactiva. Uns 14 milions de metres cúbics de terra i deixalles contaminades per sota de 8.000 becquerels per quilogram han de barrejar-se amb materials no contaminats per ser reutilitzats en obres de fonamentació, cubrimientos o directament com a terra de parcs. L'objectiu del govern és que només 30.000 metres cúbics vagin a un magatzem definitiu. Aquesta reutilització dins de la prefectura, etiquetaria Fukushima com a radioactiva, dispersar-los per altres prefectures aixeca protestes, perquè algunes ja tenen residus propis, o ja han rebut una part.

Sis. L'aigua radioactiva anirà a parar a l'Oceà Pacífic més ràpid o més tard. TEPCO sap que els 900 dipòsits que contenen una part, i que envolten la central devastada, no poden quedar-se allí les dècades o centenars d'anys (en funció dels isotopos) fins que disminueixi la radiació. Les pressions per abocar-los a l'oceà usant diversos maquillatges de descontaminació parcial han augmentat des de gener, perquè el volum d'aigua radioactiva no para de créixer.

Set. Es destinen forts summes de diners a rehabilitar zones radioactives i a activitats de normalització, però la majoria de la societat es manté al marge. Es realitzen activitats folklòriques i culturals en municipis considerats descontaminados, però amb una assistència escassa.

Vuit. La normalització suposa donar un vernís cultural a la catàstrofe en curs, i banalitzar-la turísticament seguint els exemples de Txernòbil o Nova Orleans. Agències com Tohoku, organitzen circuits per la prefectura amb un doble objectiu: demostrar que la radioactivitat no és alguna cosa greu, i comerciar amb la sensació de risc d'endinsar-se en zones contaminades per temps limitat.

Nou. Malgrat tota la propaganda desplegada, aconseguir dades reals i fiables dels impactes de la contaminació radioactiva en la salut de la població és pràcticament impossible. Les denúncies d'aquesta situació es coneixen més a l'estranger que a l'interior de Japó, on impera una política de control de la informació fèrria. L'objectiu final de la normalització és convertir el succeït en Fukushima en un accident industrial més, fent invisibles les seqüeles d'una catàstrofe irreversible.

Deu i onze. La banalitat informativa contrasta amb els desesperats esforços dels grups conscienciats per donar a conèixer la realitat. Mentre a Japó els mitjans difonen qualsevol banalitat que apuntale la normalitat en Fukushima (en aquest cas és un tema culinari, però hi ha molts altres). Científics i alts responsables polítics, que han sofert campanyes de descrèdit i assetjament a Japó, realitzen gires internacionals per donar a conèixer el que està succeint i les conseqüències no conegudes d'una catàstrofe nuclear.

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