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LAS ENERGÍAS RENOVABLES Y EL TERRITORIO

El cambio hacia un modelo energético sostenible implica también un cambio de mentalidad respeto a la producción y el consumo de energía, que afecta a la percepción del territorio, a la manera como se integran en el territorio nuestra manera de vivir y de consumir productos y servicios

El sistema energético actual se balsa en la concentración y la abstracción. Concentración en la construcción de centros de producción de enorme potencia (centrales y embalses), generalmente lejos de las fuentes de materia primera (carbón, gas, petróleo, uranio, cuencas fluviales) que las hacen funcionar, y lejos de los principales centros de consumo. El consumo de energía (y de productos) nunca ha tenido un referente directo y próximo para la mayoría de la población.

La abstracción ha consistido en desvincular el consumo de productos y de energía de criterios de impacto ambiental asociado: comercialización de productos industriales baratos y de corta duración (obsolescencia programada, cultura de usar y tirar, empaquetado execesivo,etc.), y tendencia irracional hacia al "todo eléctrico" en el suministro energético.

La idea de fondo es la reiteración de la búsqueda del mito tecnológico de una fuente de energía ilimitada, inagotable y prácticamente gratuita, un mito que se ha asociado a la energía nuclear de fusión y de fisión.

La ocultación sistemática, mantenida a lo largo de décadas, del impacto real de la producción y el consumo de energía ha generado una mentalidad social que marca todo el debate.

Un modelo energético sostenible, basado en energías renovables rompe con esta ocultación.

Aparecen multitud de puntos de generación de poca potencia con impactos locales pequeños pero perceptibles; aparece una dispersión territorial que se visualiza en multitud de aerogeneradores, placas solares, plantas de aprovechamiento de la biomasa, depósitos de metanización, etc., desperdigados por todas partes; aparece la producción de energía en el lugar donde el recurso se encuentra; aparecen multitud de tecnologías directas y otras mixtas; donde había una ocupación del territorio invisible, globalizada y remota aparece el verdadero precio energético en términos de ocupación territorial visible, concreta y próxima.

Un modelo energético sostenible hace visible lo que estaba escondido y, por lo tanto, choca con una mentalidad en la que el consumo de energía, y también la preservación del entorno se plantean de manera abstracta, sin relacionarla con la manera de vivir y consumir de cada persona.

Esto explica, en parte, el rechazo que las energías renovables provocan cuando pasan de ser conceptos bien vistos a realidades que cubren una parte importante del consumo energético.