sí renovables nuclear no PORTADA
NUCLEAR cat - cast
RENOVABLES
ESTALVI - AHORRO EFICIÈNCIA ENLLAÇOS-ENLACES LECTURES A EUROPA - AL MÓN A ESPANYA A CATALUNYA
CATALÀ - CASTELLANO     COP 25 CHILE - MADRID
ARTÍCULOS GENERAL CAMBIO CLIMÁTICO
COP25 Madrid. El show terminó

El 10 de octubre de 2019, Pascual Serrano, periodista de investigación y activista social, publicó en el digital Cuarto Poder el artículo, ¿Qué quedará de las movilizaciones por el clima? , que analizaba el contraste entre las movilizaciones de miles de activistas y centenares de miles de participantes en el movimiento altermundista y la ausencia de resultados: ni objetivos concretos conseguidos, ni creación de estructuras organizativas estables, ni en el Encuentro por la Humanidad y contra el Neoliberalismo (1996), los foros sociales mundiales (FSM, Porto Alegre, 2001), ni en el 15M (2011).

El artículo se publicó días después de la llamada “Huelga Mundial por el Clima”, tan ruidosa a nivel mediático como nula en consecuencias. En el texto destacaba un interrogante: “¿Muchas personas en las calles convocadas por internet sin otro elemento organizativo estable supone mayor músculo para una lucha social?. Analicemos posibles respuestas desde la base.

Las COPs

El 15 de diciembre, con casi dos días de retraso respecto al calendario oficial, se clausuró en Madrid la 25 edición de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP25). Su desarrollo (retraso final incluido) siguió el guión, sobradamente analizado, de las COPs precedentes. La realidad es que desde 2001 no existe relación entre cambio climático y COPs. El cambio climático es un proceso irreversible sobre el que no se puede incidir, que está provocando devastación social y degradación o cambios ambientales acelerados; las COPs, por su parte, son reuniones puramente discursivas y acciones de propaganda sin contacto con lo que está sucediendo. La mejor crónica de la COP25 es el artículo de Antonio Turiel enlazado en la sección “de otras fuentes” de este mismo boletín.

Las claves para interpretar lo que son las COPs están expuestas en el libro Esto lo cambia todo (Naomí Klein , 2014); en resumen, de una parte tenemos las decisiones políticas de los que mandan y tienen poder para actuar (incluidos unos pocos con aparente sensibilidad ambiental), que se organizan y toman decisiones en el marco de la Organización Mundial de Comercio (o así era en la época analizada por Naomí Klein), sin que el cambio climático cuente para nada; de otra parte tenemos las reuniones fruto de la Cumbre de Río (1992), sobre todo las COP’s, donde se aprueban miles de documentos e informes sobre el cambio climático, que no influyen en nada de lo decidido por la primera parte.

Un ejemplo de ello son esos inacabables debates sobre el comercio de derechos de emisión (CDE) que se desarrollan desde hace años en las COPs, lo único que queda de los mecanismos originales del Protocolo de Kioto. En teoría se trata de reducir la concentración atmosférica de Gases de Efecto Invernadero (GEIs) mediante un sistema de compraventa de gases. Pero el CDE, sólo se ha aplicado en la Unión Europea (desde 2005) y ni tan siquiera ha conseguido reducir las emisiones de GEIs en su área de aplicación. Su eficacia es muy discutible. Es uno de los puntos de la COP25 en que hay coincidencia: decepcionante.

Porque la información que los medios difunden sobre las COPs en general (y la COP25 no ha sido una excepción) está formada por indirectas, alusiones, y metáforas , lo que contrasta con las crudas realidades que explican sobre territorios afectados por el cambio climático, en una calculada estrategia propagandística. Un ejemplo, entre cientos, sería el caso de Somalia.

La situación de Somalia es, en su mayor parte, consecuencia de años de sequías encadenadas, fenómeno amplificado por el cambio climático [1]. Las sequías han destruido gran parte del sistema productivo del país lo que, junto a un estado de violencia continuada, han llevado a unos 5’4 millones de personas, de un total de población estimado de 14,7, (las estadísticas son  menos fiables en el Sur global que en el Norte) a ser dependientes absolutos de la ayuda humanitaria internacional. Somalia ocupa el último lugar (181) en el indice ND Gain (Notre Dame Global Adaptation Initiative) que clasifica los países por vulnerabilidad (incapacidad de adaptación) ante el cambio climático; dicho índice se elabora en la Universidad de Notre Dame (EE.UU), una institución con fuertes vínculos religiosos.

En la geopolítica actual, Somalia está etiquetado como estado fallido, lo que quiere decir un estado objeto de una política deliberada de destrucción violenta de sus estructuras. Así, empresas transnacionales y grupos armados financiados por éstas, imponen su ley para obtener beneficios.

Contrastemos esta brutal realidad con el siguiente texto:

Vivimos tiempos convulsos de auténtica emergencia ecológica, climática y social. El diagnóstico científico es diáfano respecto a la gravedad y la urgencia del momento. El crecimiento económico se produce a costa de las personas más vulnerables: las personas racializadas, las personas indígenas, el campesinado, las personas empobrecidas, las personas migrantes, las personas LGBTI y queer, las comunidades de vanguardia en resistencia… Y se produce también a costa de nuestro entorno, las demás especies y los ecosistemas. Las mujeres, que forman parte de todos estos colectivos, se ven afectadas diferencialmente y son víctimas de las peores consecuencias del modelo capitalista cisheteropatriarcal.”
(…)
Creemos en la justicia climática como el eje vertebrador de la lucha social de nuestro tiempo: porque la sostenibilidad es imposible sin justicia social, y la justicia no existe sin un respeto a todos los seres que viven en el planeta. La justicia climática es el paraguas más amplio que existe para proteger bajo su esfera toda la diversidad de luchas por otro mundo posible: ecologismo, activismo climático, feminismo, LGBTIQ+, sindicalismo, antirracismo, antifascismo, antimilitarismo, movimientos decoloniales, movimiento indígena, movimiento campesino, movimiento rural… Promovemos la justicia climática como un movimiento de movimientos en el que quepan muchos mundos diversos.

(...)
Nos solidarizamos con quienes más sufren, con las personas trabajadoras y con las comunidades que están en primera línea de resistencia en todos los continentes. También nos solidarizamos con quienes menos han participado en alimentar la crisis climática y más acusan sus impactos. Apoyamos a todas las personas de cualquier género, origen, lengua, raza, etnia, capacidad física, orientación sexual, experiencia, edad y creencia.

Este texto es parte del llamamiento a participar en la Cumbre Social Alternativa de la COP25. Sus tres características definitorias: no presenta reivindicaciones concretas, utiliza un lenguaje ajeno y extraño al de la mayoría de la sociedad, y el único referente activo mencionado son individualidades pertenecientes a movimientos basados en identidades, tan sólo uno, los campesinos, son un grupo social heterogéneo, y relacionado con la producción material.

Se trata del fenómeno descrito por Daniel Bernabé y analizado teóricamente por Héctor Xaubet. En el caso del cambio climático se relaciona con la pregunta planteada en el artículo de Pascual Serrano, y apunta una característica: la conversión de medios en fines, que analizaremos más adelante. Las COPs inciden en el cambio climático, pero cumplen una función social clave: transmitir la impresión de que se está haciendo algo.

La Cumbre Social Alternativa a la COP25

Desde que se supo que el gobierno de Chile dimitía de la celebración de la COP25 por los conflictos derivados de las políticas neoliberales impuestas; y que el gobierno de España se ofrecía a acogerla, comenzó una frenética actividad en el mundillo de las ONGs ambientalistas y algunos movimientos sociales para organizar en Madrid una Cumbre Social Alternativa (CSA). Se trataba de vincularla con la CSA que organizaciones chilenas habían estado preparando en su país y, lógicamente, realizar una manifestación. Lo que suponía trabajar tres medios de incidencia, pero no se definían objetivos concretos, fuera del propio trabajo.

La CSA fue un éxito. Unas 70 entidades ambientalistas y sociales organizaron una manifestación en que, según las fuentes, participaron entre 15.000 y 500.000 personas. Asimismo, y durante siete días, desarrollaron un amplio programa de más de 290 actividades en que se consiguió una presencia importante de personas de Chile y América Latina, y también aprobaron un manifiesto común. Los objetivos de trabajo conseguidos no excusan una pregunta: ¿las más de 290 actividades tenían un objetivo común o eran una muestra heterogénea de expresiones?. Basta consultar el programa para responderla. Un dato anecdótico pero significativo: el intenso tráfico de mensajes en internet sobre reuniones, listas y foros de participación, borradores de documentos, citas, llamamientos, carteles en PDF, captación de fondos, etc., se detuvo en seco tras la aprobación del manifiesto El mundo despertó ante la emergencia climática y la manifestación de la CSA del 6 de diciembre. Ni valoración de resultados, ni proyectos de continuidad. Una vez expresada la protesta, todas las ONGs implicadas volvieron a sus trabajos habituales.

Se da la paradoja de que a medida que aumenta la intensidad, complejidad y dureza de  procesos ecológicos y conflictos sociales desencadenados por el cambio climático, las reivindicaciones se han vuelto más y más simples. La última versión son las muy divulgadas banalidades de la adolescente sueca y del movimiento Fridays For Future: faltar a clase los viernes para denunciar que los jóvenes son víctimas de la inacción de los políticos, que a su generación les han robado el futuro, y que hay que hacer algo. Todo así, genérico y sin mayores precisiones. El manifiesto final de la CSA, El mundo despertó ante la emergencia climática, leído al término de la manifestación, se sitúa en esa misma pauta desde el propio título: un mundo (¿todo el mundo?), despierta (ahora ¿tras 27 años?) por la emergencia climática (¿sólo climática?). El papel adjudicado a Greta Thunberg es determinante.

Greta Thunberg es la quintaesencia de portavoz políticamente correcta en una globalización  acomodada. Elevada por la propaganda a la categoría de símbolo hasta el punto en que la peripecia viajera de la adolescente ocupaba más espacio informativo que la propia COP25, su era discurso más comentado que los contenidos de la reunión, y su presencia parecía el mayor acicate para participar en la CSA; un papel estelar que es parte de una estrategia planificada.

Se trata de una estrategia difusa. Una interpretación de la misma se puede encontrar en este análisis de  Nazanín Armanian,  vinculando el fenómeno Greta con las pautas del capitalismo global. Sin seguir ahora esa línea, que nos apartaría de la COP25, cabe hacerse una preguntar: ¿por qué el cambio climático es objeto de seguimiento global y atención específica?, ¿por qué un debate continuado que ha ido evolucionando desde propuesta de medidas para combatirlo, luego para frenarlo, y después para paliarlo y, finalmente, para adaptarse?.

El cambio climático es sólo uno de los aspectos de un colapso global que no se menciona como tal; algunas variables de ese colapso aparecen puntualmente en los medios, otras se presentan como problemas territoriales, o como parte de catástrofes humanitarias. Ni pérdida de biodiversidad, sequías continuas, agotamiento de recursos minerales y biológicos, acumulación de residuos (sobre todo plásticos), contaminación radiactiva, química o electromagnética; fin de las fuentes de energía no renovable (petróleo, gas, carbón, uranio…), consumismo compulsivo, explosión demográfica, urbanización global…; ninguna de esas expresiones del colapso global goza del seguimiento informativo que tiene el cambio climático.

Las ONGs

Nada de todo lo anterior se entiende sin las ONGs. Como vehículo del neoliberalismo para incidir en cuestiones sociales, las ONGs cubren  de difusión de ideologías (religiosas incluidas) a elaboración de investigaciones a la carta y, por supuesto, intervención social directa. En 2013 la revista The Global Journal, con sede en Suiza, publicó una clasificación que determinaba cuáles eran, a su juicio, las 100 ONGs más importantes del mundo; lo significativo era la muestra de partida que, sin ser exhaustiva, incorporó a 10 millones de ONGs. Según la Wikipedia, en 2009 se calculaba que sólo en la India actuaban unos dos millones de ONGs, lo que daba una ONG por cada 600 habitantes.

Muchas ONGs se mantienen mediante fundaciones creadas por poderes empresariales o financieros, otras por convenios con los estados en que radican. Parte de las ONGs actúan en simbiosis con las Naciones Unidas. Desde el final de la Guerra Fría, despojada de peso político en beneficio de las instituciones del capitalismo global (FMI, BM), y marginada en la dinámica de bloques geopolíticos enfrentados, la ONU se ha convertido, en parte, en el paraguas institucional de la actividad de las ONGs. Se trata de un aspecto más de esa realidad virtual paralela que elabora discursos sin conexión con las políticas dictadas por los poderes económicos y financieros. En sus análisis y debates sobre conflictos globales en que no pueden incidir, las ONGs necesitan crear marcos propios adaptados a su actividad; lo más lógico es convertir los medios en fines manufacturando problemáticas.

Convertir medios en fines

El acuerdo final de la COP25 ha sido calificado unánimemente de decepcionante, porque en la sociedad civil, ese concepto tan inconcreto, no sienta bien una palabra tan rotunda como fracaso. Las ONGs no pueden mostrar una carencia absoluta de resultados que desligitimaria su función, por ello hay que manufacturar una oferta reivindicativa destinada a la sociedad civil. La denuncia de la COP25, en un calculado equilibrio entre radicalismo y posibilismo, debe combinarse con el enunciado de problemas en que se producen avances, que actúen de marcos que generen discurso. La clave es transformar los medios en fines en si mismos, con lo que cualquier avance en los medios se valora como un avance en los fines, aunque no sea así.

En la COP25 los problemas más divulgados han sido el PLAN DE ACCIÓN DE GÉNERO EN TEMAS DE CAMBIO CLIMÁTICO (PAGCC), en las sesiones oficiales, y la cuestión de la JUSTICIA CLIMÁTICA (JC) en la Cumbre Social Alternativa.

El PAGCC parte de una resolución de la COP23 (Bonn, 2017), fruto de una iniciativa, el Women Gender Climate, lanzada en 2009 en los EE.UU. Se trata, según su documento de presentación, de “asegurar que las voces que las mujeres y sus derechos estén incrustados en todos los procesos y resultados del marco de la CMNUCC, para un futuro sostenible y justo, por lo que el género la igualdad y los derechos humanos de las mujeres son fundamentales para los debates en curso.”. En la COP25 el PAGCC estuvo a punto de no ser aprobado, aunque finalmente, tras una serie de presiones de activistas vinculadas a grupos feministas, se decidió incluirlo en los documentos de compromiso de los países participantes.

El PAGCC es parte de la dinámica de insertar problemas identitarios en conflictos globales, la misma que inspira campañas como las de género y energía (con lemas tan surrealistas como “la transición energética será feminista o no será”). Esa dinámica sustituye el debate sobre el núcleo del conflicto por el debate sobre un problema relacionado indirectamente con el conflicto, debate en el que se pueden obtener resultados en forma de documentos aprobados, aunque tales documentos no incidan realmente en el núcleo del conflicto que va por otro lado.

En la COP25 la paradoja de la PAGCC salta a la vista: se aprueba la presencia de género en los ámbitos en que se aborden las políticas climáticas..., cuando aún no existen ámbitos en los que se estén abordando realmente esas políticas, fuera de las propias reuniones de las COPs. Porque también en el caso del género, disponer de recursos para mantener funcionando las ONGs implica dar publicidad a avances, aunque éstos sean más virtuales que reales.

La Justicia Climática (JC), el eje de la CSA, aparece desde el llamamiento de la propia CSA, y apunta a la manufactura de otro problema. Según documentos, la “Justicia climática es un término utilizado para denominar al calentamiento global como un problema ético y político, más allá de solo un problema ambiental o físico en la naturaleza. Esto se hace relacionando los efectos del cambio climático con conceptos de justicia, particularmente justicia ambiental y justicia social, y examinando problemáticas tales como igualdad, derechos humanos, derechos colectivos y la responsabilidad histórica por el cambio climático.” Es un planteamiento más ambicioso, y más ambiguo, que el del PAGCC. El documento de referencia de la JC puede consultarse aquí.

La reivindicación de Justicia Climática se remonta a la CSA de Bali (2002), pero tras un inicio contundente y prometedor el concepto no se desarrolló en las posteriores CSAs. Su referencia en internet está bloqueada desde 2003. Probablemente, y a diferencia del PAGCC, la JC no ha contado con el patrocinio de un grupo de presión importante. En la actualidad el concepto es invocado por entidades que van desde una multinacional de fabricación de helados hasta el ayuntamiento de Barcelona.

A modo de conclusión

Recuperando la pregunta inicial de Pascual Serrano, “¿Muchas personas en las calles convocadas por internet sin otro elemento organizativo estable supone mayor músculo para una lucha social?” , podemos contestar: depende de lo que se entienda por lucha social.

Si lucha social significa afrontar las causas de un conflicto, identificar en detalle a sus responsables (empresas y gobiernos implicados), exigir medidas concretas y aplicables para abordarlo, organizar una estructura para afrontarlo, movilizar a la sociedad en esa estructura, crear mecanismos que verifiquen el cumplimiento de las medidas propuestas, y establecer un sistema de sanciones para aquellos que no las cumplan; la respuesta es evidente: no.

Pero si por lucha social se entiende, como hemos ido analizando, generar movilizaciones de protesta ante un problema para exigir que los actores implicados hagan algo para solucionarlo, emitir documentos denunciando su inactividad, o valorar la idoneidad de dichas actuaciones como punto de partida para nuevas movilizaciones, proceso en el que se crean lazos y complicidades transversales dentro de la diversidad. Lazos y complicidades que se transmiten de movilización en movilización; la respuesta sería sí.

La diferencia entre luchar y protestar es evidente; y no resulta difícil saber en qué terreno se sitúan las reuniones de las COPs, y las CSA que las acompañan. El cambio climático, como casi todos los ámbitos relacionados con el colapso, está controlado por los medios, e intervienen millones de personas profesionalmente implicadas en ONGs con intereses y vínculos con los poderes establecidos. Hay que tener en cuenta, además, el papel adjudicado al cambio climático en la justificación de políticas adaptativas, como el Green New Deal, última versión popularizada del capitalismo verde.

Esta realidad indica, sin lugar a dudas, que no existe margen para planificar y proponer alternativas que permitan incidir de verdad. La conclusión evidente es dejar de escribir y pasar a actuar, como reza una referencia que no corresponde al conflicto del cambio climático: “De lo que no se puede hablar, es mejor callarse”; un aforismo del filósofo Ludwig Wittgenstein sobre la filosofía de las ciencias aplicable, lógicamente, a las ciencias sociales.

NOTAS

[1] La referencia es Harald Welzer, “Guerras climáticas. ¿Por qué mataremos y nos matarán en el siglo XXI?”. Katz Editores, 2010 (ed. original alemana de 2008). Reseñado aquí.

 
 
TORNAR - VOLVER

COP 25 CHILE - MADRID
ARTICLES GENERAL CANVI CLIMÀTIC
COP25 Madrid. El show es va acabar


El 10 d'octubre de 2019, Pascual Serrano , periodista d'investigació i activista social, va publicar en el digital Quart Poder l'article, Què quedarà de les mobilitzacions pel clima? , Que analitzava el contrast entre les mobilitzacions de milers d'activistes i centenars de milers de participants en el moviment altermundista i l'absència de resultats: ni objectius concrets aconseguits, ni creació d'estructures organitzatives estables, ni en la Trobada per la Humanitat i contra el neoliberalisme ( 1996), els fòrums socials mundials (FSM, Porto Alegre, 2001), ni al 15M (2011).

L'article es va publicar dies després de l'anomenada "Vaga Mundial pel Clima", tan sorollosa a nivell mediàtic com nul·la en conseqüències. En el text destacava un interrogant: "¿Moltes persones als carrers convocades per internet sense altre element organitzatiu estable suposa major múscul per a una lluita social?". Analitzem possibles respostes des de la base.

les COPs

El 15 de desembre, amb gairebé dos dies de retard respecte a l'calendari oficial, es va clausurar a Madrid la 25 edició de la Conferència de les Parts de la Convenció Marc de les Nacions Unides sobre el Canvi Climàtic (COP25). El seu desenvolupament (retard final inclòs) va seguir el guió, àmpliament analitzat , de les COPs precedents. La realitat és que des de 2001 no hi ha relació entre canvi climàtic i COPs. El canvi climàtic és un procés irreversible sobre el qual no es pot incidir, que està provocant devastació social i degradació o canvis ambientals accelerats; les COPs, per la seva banda, són reunions purament discursives i accions de propaganda sense contacte amb el que està succeint. La millor crònica de la COP25 és l'article de Antonio Turiel enllaçat a la secció " d'altres fonts " d'aquest mateix butlletí.

Les claus per interpretar el que són les COPs estan exposades en el llibre Això ho canvia tot ( Naomi Klein , 2014); en resum, d'una banda tenim les decisions polítiques dels que manen i tenen poder per actuar (inclosos uns pocs amb aparent sensibilitat ambiental), que s'organitzen i prenen decisions en el marc de l'Organització Mundial de Comerç (o així era en la època analitzada per Naomi Klein), sense que el canvi climàtic compti per res; d'altra banda tenim les reunions fruit de la Cimera de Rio (1992), sobretot les COP s, on s'aproven milers de documents i informes sobre el canvi climàtic, que no influeixen en res del que decidit per la primera part.

Un exemple d'això són aquests inacabables debats sobre el comerç de drets d'emissió (CDE) que es desenvolupen des de fa anys a les COPs, l'única cosa que resta dels mecanismes originals de el Protocol de Kyoto. En teoria es tracta de reduir la concentració atmosfèrica de gasos d'efecte hivernacle (GEH) mitjançant un sistema de compravenda de gasos. Però el CDE, només s'ha aplicat a la Unió Europea (des de 2005) i ni tan sols ha aconseguit reduir les emissions de GEI en la seva àrea d'aplicació . La seva eficàcia és molt discutible. És un dels punts de la COP25 en què hi ha coincidència: decebedor .

Perquè la informació que els mitjans difonen sobre les COPs en general (i la COP25 no ha estat una excepció) està formada per indirectes, al·lusions, i metàfores , el que contrasta amb les crues realitats que expliquen sobre territoris afectats pel canvi climàtic, en una calculada estratègia propagandística. Un exemple, entre centenars, seria el cas de Somàlia.

La situació de Somàlia és, en la seva major part, conseqüència d'anys de sequeres encadenades, fenomen amplificat pel canvi climàtic [1] . Les sequeres han destruït gran part de el sistema productiu del país el que, al costat d'un estat de violència continuada, han portat a uns 5'4 milions de persones, d'un total de població estimat de 14,7, (les estadístiques són menys fiables al Sud global que al Nord) a ser dependents absoluts de l'ajuda humanitària internacional . Somàlia ocupa l'últim lloc (181) al index ND Gain (Notre Dame Global Adaptation Initiative) que classifica els països per vulnerabilitat (incapacidad de adaptació) davant el canvi climàtic; dit índex s'elabora a la Universitat de Notre Dame (EUA), una institució amb forts vincles religiosos.

A la geopolítica actual, Somàlia està etiquetat com estat fallit , el que vol dir un estat objecte d'una política deliberada de destrucció violenta de les seves estructures. Així, empreses transnacionals i grups armats finançats per aquestes, imposen la seva llei per obtenir beneficis.

Contrastem aquesta brutal realitat amb el següent text:

" Vivim temps convulsos d'autèntica emergència ecològica, climàtica i social. El diagnòstic científic és diàfan que fa a la gravetat i la urgència de moment. El creixement econòmic es produeix a costa de les persones més vulnerables: les persones racialitzades, les persones indígenes, la pagesia, les persones empobrides, les persones migrants, les persones LGBTI i queer, les comunitats d'avantguarda en resistència ... I es produeix també a costa del nostre entorn, les altres espècies i els ecosistemes. Les dones, que formen part de tots aquests col·lectius, es veuen afectades diferencialment i són víctimes de les pitjors conseqüències de el model capitalista cisheteropatriarcal. "

(...)

Creiem en la justícia climàtica com l'eix vertebrador de la lluita social del nostre temps: perquè la sostenibilitat és impossible sense justícia social, i la justícia no existeix sense un respecte a tots els éssers que viuen al planeta. La justícia climàtica és el paraigua més ampli que existeix per protegir sota la seva esfera tota la diversitat de lluites per un altre món possible: ecologisme, activisme climàtic, feminisme, LGBTIQ +, sindicalisme, antiracisme, antifeixisme, antimilitarisme, moviments decoloniales, moviment indígena, moviment camperol , moviment rural ... Promovem la justícia climàtica com un moviment de moviments en què càpiguen molts mons diversos.

(...)

Ens solidaritzem amb els que més pateixen, amb les persones treballadores i amb les comunitats que estan en primera línia de resistència en tots els continents. També ens solidaritzem amb els que menys han participat en alimentar la crisi climàtica i més acusen els seus impactes. Donem suport a totes les persones de qualsevol gènere, origen, llengua, raça, ètnia, capacitat física, orientació sexual, experiència, edat i creença. "

Aquest text és part de l' crida a participar a la Cimera Social Alternativa de la COP25. Les seves tres característiques definitòries: no presenta reivindicacions concretes, utilitza un llenguatge aliè i estrany a el de la majoria de la societat, i l'únic referent actiu esmentat són individualitats que pertanyen a moviments basats en identitats, tan sols un, els camperols, són un grup social heterogeni, i relacionat amb la producció material.

Es tracta del fenomen descrit per Daniel Bernabé i analitzat teòricament per Héctor Xaubet . En el cas de l'canvi climàtic es relaciona amb la pregunta plantejada en l'article de Pascual Serrano, i apunta una característica: la conversió de mitjans en fins, que analitzarem més endavant. Les COPs incideixen en el canvi climàtic, però compleixen una funció social clau: transmetre la impressió que s'està fent alguna cosa.

La Cimera Social Alternativa a la COP25

Des que es va saber que el govern de Xile dimitia de la celebració de la COP25 pels conflictes derivats de les polítiques neoliberals imposades; i que el govern d'Espanya s'oferia a acollir-la, va començar una frenètica activitat en el món de les ONG ambientalistes i alguns moviments socials per organitzar a Madrid una Cimera Social Alternativa (CSA). Es tractava de vincular-la amb la CSA que organitzacions xilenes havien estat preparant al seu país i, lògicament, realitzar una manifestació. El que suposava treballar tres mitjans d'incidència, però no es definien objectius concrets, fora de la pròpia feina.

La CSA va ser un èxit. Unes 70 entitats ambientalistes i socials van organitzar una manifestació en què, segons les fonts, van participar entre 15.000 i 500.000 persones . Així mateix, i durant set dies, van desenvolupar un ampli programa de més de 290 activitats en què es va aconseguir una presència important de persones de Xile i Amèrica Llatina, i també van aprovar un manifest comú. Els objectius de treball aconseguits no excusen una pregunta: ¿les més de 290 activitats tenien un objectiu comú o eren una mostra heterogènia de expressions ?. Només cal consultar el programa per respondre-la. Una dada anecdòtica però significativa: l'intens trànsit de missatges a internet sobre reunions, llistes i fòrums de participació, esborranys de documents, cites, crides, cartells en PDF, captació de fons, etc., es va aturar en sec després de l'aprovació de l'manifest El món va despertar davant l'emergència climàtica i la manifestació de la CSA de el 6 de desembre. Ni valoració de resultats, ni projectes de continuïtat. Un cop expressada la protesta, totes les ONG implicades van tornar als seus treballs habituals.

Es dóna la paradoxa que a mesura que augmenta la intensitat, complexitat i duresa de processos ecològics i conflictes socials desencadenats pel canvi climàtic, les reivindicacions s'han tornat més i més simples. L'última versió són les molt divulgades banalitats de l'adolescent sueca i de el moviment Fridays For Future : faltar a classe els divendres per denunciar que els joves són víctimes de la inacció dels polítics , que al seu generació els han robat el futur, i que cal fer alguna cosa . Tot i així, genèric i sense més precisions. El manifest final de la CSA, El món va despertar davant l'emergència climàtica , llegit a terme de la manifestació, es situa en aquesta mateixa pauta des del propi títol: el món (¿tothom?), desperta (ara ¿després de 27 anys ?) per la emergència climàtica (¿només climàtica?). El paper adjudicat a Greta Thunberg és determinant.

Greta Thunberg és la quinta essència de portaveu políticament correcta en una globalització acomodada. Elevada per l a propaganda a la categoria de símbol fins al punt en què la peripècia viatgera de l'adolescent ocupava més espai informatiu que la mateixa COP25, la seva era discurs més comentat que els continguts de la reunió, i la seva presència semblava el més gran esperó per participar a la CSA; un paper estel·lar que és part d'una estratègia planificada.

Es tracta d'una estratègia difusa. Una interpretació de la mateixa es pot trobar en aquesta anàlisi de  Nazanín Armanian , vinculant el fenomen Greta amb les pautes el capitalisme global. Sense seguir ara aquesta línia, que ens apartaria de la COP25, cal fer-se una preguntar: per què el canvi climàtic és objecte de seguiment global i atenció específica ?, per què un debat continuat que ha anat evolucionant des proposta de mesures per a combatre'l , després per frenar- , i després per a pal·liar- i, finalment, per adaptar- ? .

El canvi climàtic és només un dels aspectes d'un col·lapse global que no s'esmenta com a tal; algunes variables d'aquest col·lapse apareixen puntualment en els mitjans, altres es presenten com problemes territorials, o com a part de catàstrofes humanitàries . Ni pèrdua de biodiversitat, sequeres contínues, esgotament de recursos minerals i biològics, acumulació de residus (sobretot plàstics), contaminació radioactiva, química o electromagnètica; cap de les fonts d'energia no renovable (petroli, gas, carbó, urani ...), consumisme compulsiu, explosió demogràfica, urbanització global ...; cap d'aquestes expressions de l'col·lapse global gaudeix de l'seguiment informatiu que té el canvi climàtic.

les ONG

Res de tot això s'entén sense les ONGs. Com a vehicle de l'neoliberalisme per incidir en qüestions socials , les ONG cobreixen de difusió d'ideologies (religioses incloses) a elaboració d'investigacions a la carta i, per descomptat, intervenció social directa. El 2013 la revista The Global Journal , amb seu a Suïssa, va publicar una classificació que determinava quines eren, al seu parer, les 100 ONG més importants de l'món ; el significatiu era la mostra de partida que, sense ser exhaustiva, va incorporar a 10 milions d'ONGs. Segons la Viquipèdia, el 2009 es calculava que només a l'Índia actuaven uns dos milions d'ONGs , el que donava una ONG per cada 600 habitants.

Moltes ONG es mantenen mitjançant fundacions creades per poders empresarials o financers, altres per convenis amb els estats en què radiquen. Part de les ONG actuen en simbiosi amb les Nacions Unides. Des del final de la Guerra Freda , despullada de pes polític en benefici de les institucions de l'capitalisme global (FMI, BM), i marginada en la dinàmica de blocs geopolítics enfrontats, l'ONU s'ha convertit, en part, en el paraigua institucional de l'activitat de les ONG. Es tracta d'un aspecte més d'aquesta realitat virtual paral·lela que elabora discursos sense connexió amb les polítiques dictades pels poders econòmics i financers. En les seves anàlisis i debats sobre conflictes globals en què no poden incidir, les ONG necessiten crear marcs propis adaptats a la seva activitat; el més lògic és convertir els mitjans en fins manufacturant problemàtiques .

Convertir mitjans en fins

L' acord final de la COP25 ha estat qualificat unànimement de decebedor , perquè a la societat civil , aquest concepte tan inconcret, no li va bé una paraula tan rotunda com fracàs . Les ONG no poden mostrar una manca absoluta de resultats que desligitimaria la seva funció, per això cal manufacturar una oferta reivindicativa destinada a la societat civil . La denúncia de la COP25, en un calculat equilibri entre radicalisme i possibilisme , ha de combinar-se amb l'enunciat de problemes en què es produeixen avenços , que actuïn de marcs que generin discurs. La clau és transformar els mitjans en fins en si mateixos, de manera que qualsevol avanç en els mitjans es valora com un avanç en els fins, encara que no sigui així.

A la COP25 els problemes més divulgats han estat el PLA D'ACCIÓ DE GÈNERE EN TEMES DE CANVI CLIMÀTIC (PAGCC), en les sessions oficials, i la qüestió de la JUSTÍCIA CLIMÀTICA (JC) en la Cimera Social Alternativa.

El PAGCC part d'una resolució de la COP23 (Bonn, 2017), fruit d'una iniciativa, el Women Gender Climate , llançada el 2009 als EUA Es tracta, segons el seu document de presentació , d ' "assegurar que les veus que les dones i els seus drets estiguin incrustats en tots els processos i resultats de el marc de la CMNUCC, per a un futur sostenible i just, de manera que el gènere la igualtat i els drets humans de les dones són fonamentals per als debats en curs.". A la COP25 el PAGCC va estar a punt de no ser aprovat , encara que finalment, després d'una sèrie de pressions d'activistes vinculades a grups feministes, es va decidir incloure-ho en els documents de compromís dels països participants.

El PAGCC és part de la dinàmica d'inserir problemes identitaris en conflictes globals, la mateixa que inspira campanyes com les de gènere i energia (amb lemes tan surrealistes com "la transició energètica serà feminista o no serà"). Aquesta dinàmica substitueix el debat sobre el nucli de l'conflicte pel debat sobre un problema relacionat indirectament amb el conflicte, debat en el qual es poden obtenir resultats en forma de documents aprovats, tot i que aquests documents no incideixin realment en el nucli de l'conflicte que va per un altre costat.

A la COP25 la paradoxa de la PAGCC salta a la vista: s'aprova la presència de gènere en els àmbits en què s'aborden les polítiques climàtiques ..., quan encara no hi ha àmbits en què s'estiguin abordant realment aquestes polítiques, fora de les pròpies reunions de les COPs. Perquè també en el cas de l'gènere, disposar de recursos per mantenir funcionant les ONG implica donar publicitat a avenços , encara que aquests siguin més virtuals que reals.

La Justícia Climàtica (JC), l'eix de la CSA, apareix des de la crida de la pròpia CSA, i apunta a la manufactura d'un altre problema . Segons documents, la " Justícia climàtica és un terme utilitzat per denominar a l'escalfament global com un problema ètic i polític, més enllà de només un problema ambiental o físic en la natura. Això es fa relacionant els efectes de l'canvi climàtic amb conceptes de justícia, particularment justícia ambiental i justícia social, i examinant problemàtiques com ara igualtat, drets humans, drets col·lectius i la responsabilitat històrica pel canvi climàtic. "És un plantejament més ambiciós, i més ambigu, que el de l'PAGCC. El document de referència de la JC pot consultar aquí .

La reivindicació de Justícia Climàtica es remunta a la CSA de Bali (2002), però després d'un inici contundent i prometedor el concepte no es va desenvolupar en les posteriors CSAs. La seva referència a internet està bloquejada des de 2003. Probablement, ia diferència de l'PAGCC, la JC no ha comptat amb el patrocini d'un grup de pressió important. En l'actualitat el concepte és invocat per entitats que van des d'una multinacional de fabricació de gelats fins l'ajuntament de Barcelona .

A tall de conclusió

Recuperant la pregunta inicial de Pascual Serrano, "¿Moltes persones als carrers convocades per internet sense altre element organitzatiu estable suposa major múscul per a una lluita social?", Podem contestar: depèn del que s'entengui per lluita social .

Si lluita social vol dir afrontar les causes d'un conflicte, identificar en detall als seus responsables (empreses i governs implicats), exigir mesures concretes i aplicables per a abordar-lo, organitzar una estructura per afrontar-lo, mobilitzar la societat en aquesta estructura, crear mecanismes que verifiquin el compliment de les mesures proposades, i establir un sistema de sancions per a aquells que no les compleixin; la resposta és evident: no.

Però si per lluita social s'entén, com hem anat analitzant, generar mobilitzacions de protesta davant un problema per exigir que els actors implicats facin alguna cosa per solucionar-ho , emetre documents denunciant la seva inactivitat, o valorar la idoneïtat d'aquestes actuacions com a punt de partida per a noves mobilitzacions, procés en el qual es creen llaços i complicitats transversals dins de la diversitat. Llaços i complicitats que es transmeten de mobilització en mobilització; la resposta seria si.

La diferència entre lluitar i protestar és evident; i no resulta difícil saber en quin terreny se situen les reunions de les COPs, i les CSA que les acompanyen. El canvi climàtic, com gairebé tots els àmbits relacionats amb el col·lapse, està controlat pels mitjans , i intervenen milions de persones professionalment implicades en ONG amb interessos i vincles amb els poders establerts. Cal tenir en compte, a més, el paper adjudicat a l'canvi climàtic en la justificació de polítiques adaptatives, com el Green New Deal , darrera versió popularitzada del capitalisme verd.

Aquesta realitat indica, sense cap dubte, que no hi ha marge per planificar i proposar alternatives que permetin incidir de veritat. La conclusió evident és deixar d'escriure i passar a actuar, com resa una referència que no correspon a l'conflicte de l'canvi climàtic: "Del que no es pot parlar, és millor callar" ; un aforisme de el filòsof Ludwig Wittgenstein sobre la filosofia de les ciències aplicable, lògicament, a les ciències socials.

NOTES

[1] La referència és Harald Welzer, "Guerres climàtiques. Per què matarem i ens mataran al segle XXI? ". Katz Editors, 2010 (ed. Original alemanya de 2008). Ressenyat aquí.

 
TORNAR - VOLVER