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Marxismo y Colapso: INDICE GENERAL ARTÍCULOS ----- REFERENCIAS CIENTÍFICAS
Ecosocialismo versus Marxismo Colapsista (I) . Algunos elementos de la crítica del colapsismo marxista al Ecosocialismo.
Marxismo y Colapso: La última frontera teórica y política de la Revolución. Artículo de Miguel Fuentes 09/03/2019
Conversación Michael Lowy, Miguel Fuentes y Antonio Turiel (primera parte)
PREGUNTA 6 (P6) -- PREGUNTA 7 (P7) ----- MICHAEL LÖWY - (P6) (P7) /--/ MIGUEL FUENTES - (P6) (P7) /--/ ANTONIO TURIEL - (P6) (P7)

Ecosocialismo versus Marxismo Colapsista (III): Una conversación con Michael Lowy, Miguel Fuentes y Antonio Turiel

Continuamos en esta sección de la serie “Ecosocialismo versus Marxismo Colapsista” con la conversación entre Michael Lowy, Miguel Fuentes y Antonio Turiel, representantes del Ecosocialismo, el Colapsismo Marxista y la Teoría del decrecimiento. La discusión en esta sección se centra alrededor de la naturaleza de los peligros asociados a la crisis ecológica y el problema de la viabilidad o imposibilidad de un restablecimiento socialista del llamado equilibrio metabólico del hombre y la naturaleza. Se invita a los lectores a revisar las secciones anteriores de este debate.

antonio turiel michal lowy miguel fuentes

Parte 2

La crisis ecológica y la recomposición socialista del equilibrio metabólico hombre-naturaleza

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6.- ¿Podría una revolución socialista “detener” el curso de la crisis ecológica planetaria actual? ¿En que condiciones podría un proyecto socialista “revertir” esta última?

- Michael Lowy :

Partiendo del consenso científico de que sería todavía posible detener el cambio climático si se toman en las próximas décadas medidas enérgicas y radicales, nosotros planteamos que dichas medidas urgentes y necesarias serían incompatibles con el propio capitalismo. Sólo en un proceso de transición ecosocialista se podrían implementar los profundos cambios que son requeridos para lograr este cometido; por ejemplo, entre otros, la supresión de las energías fósiles, del agronegocio destructor de los bosques, de la producción de mercancías inútiles, etc.

- Miguel Fuentes :

Nada puede detener ya el desarrollo de una crisis ecológica planetaria catastrófica. Ni el capitalismo y su desarrollo tecnológico, pero tampoco la revolución socialista y la serie de reformas de reorganización de la producción y la sociedad supuestamente asociadas a esta última. Los prontos golpes de la catástrofe climática, agravados por el avance de la inminente crisis energética, la escasez de recursos y la sobrepoblación, son totalmente inevitables.

En el caso de las posibilidades que tendría todavía, teóricamente, el sistema capitalista para evitar este escenario, no hace basta agregar más argumentos a los defendidos en cualquier publicación ecosocialista (o marxista tradicional) de polémica con el “capitalismo verde”. Tal como se plantea en aquellas, serían la propia existencia del mercado y la competencia capitalista, así como también la mantención en el escenario histórico de una clase social (la burguesía) cuyo interés fundamental es la generación de ganancia, algunos de los obstáculos (insalvables) más importantes que impedirían que el capitalismo pueda ofrecer una solución real ante el problema climático. Un ejemplo de esto puede encontrarse en el rotundo fracaso de prácticamente la totalidad de las conferencias climáticas organizadas por la ONU en las últimas décadas, constituyendo el retiro de Estados Unidos del llamado acuerdo de París y las políticas anti-ecológicas que está aplicando hoy Bolsonaro en Brasil una muestra evidente de aquello. Igualmente, ya me referí en una respuesta anterior a los impedimentos que tendrían los avances tecnológicos en el marco de la actual sociedad capitalista para lograr una efectiva solución al tipo de crisis ecológica-energética que está comenzando a dar sus primeros pasos a nivel internacional. Sobre este último punto, que desarrollaré más ampliamente en una de mis siguientes respuestas (ver pregunta 8), es posible consultar, asimismo, los debates de polémica de diversos referentes ecosocialistas en contra del marcado “optimismo tecnológico” que caracterizaría no sólo a una gran parte de las corrientes ecologistas y medioambientalistas alrededor del mundo, sino que, a la vez, a una porción significativa de la propia comunidad científica internacional. Es importante destacar aquí que son justamente estos debates, críticos de la confianza ciega que depositan ciertos sectores sociales, políticos, ambientalistas y del ámbito científico e intelectual en el desarrollo científico y tecnológico como una vía de solución efectiva y supuestamente infalible de la crisis ecológica planetaria, uno de los aportes teóricos y políticos más significativos del Ecosocialismo y la ecología marxista.

Ahora bien, si tenemos en cuenta la escala y gravedad que ha alcanzado la crisis ecológica en la actualidad, puede afirmarse que ni siquiera una gran transformación social como la que podría representar, por ejemplo, el triunfo de una hipotética revolución socialista mundial estaría hoy capacitada para “detener” o “evitar” el avance (cercano) de una crisis ecológica y energética global de naturaleza catastrófica. Esto último, de hecho, incluso en el caso de asumirse la viabilidad de una ciertamente poco creíble “implantación exprés” (es decir, en nada más que una década o dos) de una serie de importantes medidas globales de reorganización socialista de la sociedad tales como, entre otras, la expropiación de los medios de producción, la planificación de la economía a manos de los trabajadores o una redistribución mundial de las riquezas. Quizás hace veinte o treinta años, de haberse comenzado en ese entonces un agresivo plan de reorganización socialista internacional de la producción y la sociedad caracterizado por un drástico enfoque de protección medioambiental (aunque improbable dado el escaso papel que ha tenido históricamente la problemática ecológica en el seno de las organizaciones marxistas tradicionales), quizás en ese contexto la implementación de medidas tales como una hipotética expropiación socialista de los medios de producción a nivel mundial, efectivamente, podrían haber constituido palancas esenciales para conseguir un eventual “freno” o “detención” de una dinámica de crisis ecológica global catastrófica. Quizás entonces, como digo, si dichas medidas hubieran comenzado a ser aplicadas hacia comienzos de las décadas de 1970 o 1980, esto en el marco del desarrollo de un (poco creíble) programa de transición socialista de aplicación “súper rápida” no sólo al nivel de uno que otro hipotético estado socialista “ecológico” (algo así como una versión verde de la ex URSS o Cuba), sino que de forma casi inmediata (instantánea) en todo el globo y con un contenido, asimismo, “amigable” con el medioambiente, quizás en dicho escenario, sí, podría haber sido concebible que aquellas medidas de reorganización socialista nos hubieran permitido evitar la catástrofe… pero no hoy cuando ya estamos por empezar la tercera década del siglo XXI. Lo anterior queda claro si tomamos en cuenta, por ejemplo, tal como planteé en una respuesta anterior, el hecho de que nos encontraríamos a menos de una década (¡menos de una década!) de alcanzar los niveles de CO2 atmosféricos suficientes para asegurar, sin ninguna duda posible, la ruptura del límite catastrófico de los 1.5 grados centígrados de calentamiento global. Y el asunto se vuelve todavía peor si recordamos que no faltarían ni siquiera veinte años para que dichos niveles alcancen niveles que darían ya por asegurado, no importa lo que hagamos en el futuro, el rebasamiento de la mucho más catastrófica barrera de los 2 grados centígrados.

concentraciones de co2

Concentraciones actuales de CO2

¿Cómo piensan Lowy y otros ecosocialistas tales como Daniel Tanuro que rechazan la idea de un colapso ecosocial inevitable (idea que aquellos descartan bajo el término de “colapsología”), entonces, que la revolución socialista sería capaz de “frenar” el desarrollo de una crisis ecológica catastrófica en, repitámoslo, nada más que una década? ¿Como concebiría, por lo tanto, el Ecosocialismo de Lowy, Tanuro y compañía la resolución de este problema? ¿Acaso nada más que impulsando pintorescas marchas ambientalistas caracterizadas esencialmente por su pacifismo, sus demostraciones “alternativas” de lucha ciudadana y sus muchas pancartas multicolores en pro de un “socialismo ecológico” o una todavía más abstracta “justicia climática”? ¿Quizás de la mano de propuestas eco-liberales encubiertas tales como las de Ocasio-Cortez o Naomi Klein? ¿Quizás gracias a la difusión de aquellas discusiones marxistas de tono “sensible” con los problemas ambientales en las cuales abundan las imágenes de ese “Marx ecológico” que, al modo de un “Santa Claus de los bosques”, gustan representar frecuentemente los círculos de amigos del Ecosocialismo… ese Marx “amigo de la naturaleza” que destacaría en sus ingeniosas representaciones, entre otras cosas, por una profusa y ciertamente bonachona barba verde que asemejaría el follaje de los árboles y en donde hasta los pájaros podrían construir sus nidos? ¿Sí? ¿Pero se habrán acaso olvidado nuestros ecosocialistas (o algunos de sus repetidores vulgares en el ámbito del marxismo industrialista tradicional: por ejemplo, los clubs de amigos de los permacultivos que impulsan las secciones de “noticias verdes” de La Izquierda Diario en Argentina o Chile) que los actuales casi 415 ppm de CO2 ya se encontrarían en gran medida “fijados” en la atmósfera terrestre no sólo por varias generaciones en el futuro, sino que, además, por un largo periodo de tiempo en escala geológica? ¿Recordarán estos exponentes de la “ecosocialismología”, otra vez, que durante ese largo periodo de tiempo en el cual las concentraciones de CO2 terrestre no caerán por debajo de los 400 ppm (esto incluso en el caso de que las emisiones de gases de efecto invernadero bajaran sustancialmente de forma inmediata), las temperaturas globales seguirán subiendo inexorablemente (esto último, por ejemplo, en el caso de los océanos), siendo asimismo imposible disminuir en el corto y mediano plazo estas concentraciones, aquello simplemente porque no contamos con la tecnología (hoy y en muchas décadas en el futuro) para lograr dicho cometido?

marx verde

Representación ecosocialista de un Marx amigo de la naturaleza

Más aún, incluso poniéndonos en el caso de que sea posible hoy una revolución socialista que, imponiéndose a nivel mundial mediante la violencia de las masas explotadas, sea capaz de acabar de raíz con las clases capitalistas ecocidas y dar paso, en un plazo no mayor a los 15 o 20 años, a la implementación de una “transición ecosocialista global” tal como la planteada por Lowy y otros referentes del Ecosocialismo, ¡aún así!… dicha forma de transición socialista (“súper rápida”) en pos de la construcción de un nuevo tipo de “socialismo verde” a escala planetaria no podría hacer nada, tampoco, para evitar el desarrollo de una crisis ecológica y energética global catastrófica. Esto último, entre otras cosas, como ya dijimos, por la sencilla razón de que dicha sociedad socialista “ideal” (ecológica) tampoco contaría durante las próximas décadas (es decir, el límite de tiempo que nos quedaría antes del inicio de una dinámica -absolutamente catastrófica- de la crisis climática) con las tecnologías necesarias para hacer frente a los impactos que producirá sobre el clima terrestre y los sistemas de producción de recursos los niveles de calentamiento global ya asegurados (activados) por las actuales concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera.

De hecho, como profundizaré en una respuesta siguiente (ver pregunta 8), uno de los únicos campos del desarrollo tecnológico contemporáneo que podría llegar a tener alguna injerencia real en el avance de la crisis ecológica en el corto plazo sería el de la llamada geoingeniería, requiriendo sin embargo aquella todavía de muchas décadas de desarrollo, tal como señalan una serie de científicos a nivel internacional, para que pueda transformarse en una herramienta efectiva en el combate del cambio climático. En otras palabras, un periodo de tiempo mucho mayor a los diez o veinte años que, como hemos repetido, nos quedarían (¡si es que todavía nos queda alguno!) antes del inicio de una fase catastrófica “abierta” de la crisis ecológica mundial. Y todo esto sin siquiera integrarse, además, el pequeño “detalle” de la imposibilidad de dar pie a un proyecto de transición ecosocialista global en tan sólo un par de décadas, aquello si consideramos el hecho de que la burguesía internacional no saldrá de la escena histórica sin antes intentar aferrarse con todas sus fuerzas (probablemente por varias décadas y utilizando todos los medios a su disposición) al poder global. Todo esto… sin siquiera considerarse, igualmente, el propio desafío (quizás imposible de resolver sin seguir reproduciendo algunos de los actuales indicadores de destrucción medioambiental globales asociados al sistema industrial) que tendría una hipotética sociedad socialista “ecológica” para asegurar los alimentos, el agua, la ropa, la vivienda, la salud, la educación, los derechos sociales, las opciones de género, las preferencias identitarias, los gustos individuales… para una población mundial que ya ronda los ocho mil millones y que podría dispararse durante las próximas décadas a los nueve, diez, once, ¡doce mil millones de habitantes!

Todo esto, asimismo, en el contexto de una incipiente crisis energética internacional como resultado de un fenómeno inicial de agotamiento de los combustibles fósiles que, habiendo comenzado ya a manifestarse con fuerza en diversos países, haría necesaria un tipo de transición energética global tan sólo alcanzable, de acuerdo con una serie de estudios técnicos y asumiéndose un nivel de cooperación económica y política internacional no alcanzado jamás durante la historia moderna, en un periodo no menor, con suerte, a las tres o cuatro décadas. Esto último en un escenario condicionado, además, por la creciente incapacidad, tal como señaló Antonio Turiel anteriormente, de las llamadas energías renovables para satisfacer en el futuro próximo las actuales necesidades energéticas mundiales. Todo esto, para empeorar las cosas, en el marco de una inminente crisis planetaria de recursos como producto no sólo del cercano rebasamiento de los 1.5 y 2 grados centígrados de calentamiento global, sino que, asimismo, de un aumento potencial de la temperatura global que podría llegar durante este siglo, tal como hemos dicho, hasta los tres, cuatro, cinco o incluso seis grados centígrados. Y sumemos a todo lo anterior, finalmente, el desarrollo del inminente y explosivo problema súper migratorio que se asociará, necesariamente, no sólo a la aguda crisis alimentaria internacional que acompañará el avance (ya irrefrenable) del calentamiento global y la crisis climática, sino que, además, a un contexto internacional en el cual cualquier medida que pueda tomarse para lidiar con estos problemas se enfrentará a un escenario cada vez más desesperado y caótico.

Tal como señaló Turiel previamente, Lowy en realidad confundiría en sus planteamientos el creciente consenso científico en torno a la magnitud del cambio climático actual y sus posibles proyecciones durante este siglo, las cuales darían en gran medida por asegurado el desarrollo de un tipo de calentamiento global catastrófico en el corto plazo y, por otro lado, la serie de “consensos políticos” (configurados de acuerdo a criterios eminentemente institucionales) del IPCC en sus respectivos diagnósticos (conservadores) de la gravedad de la crisis climática global, estos últimos basados a menudo en un tipo de discurso de tono interesadamente consensuado, artificialmente moderado y digerible para las elites capitalistas y los gobiernos alrededor del mundo. Una de las características de este discurso sería, precisamente, hacer hincapié en un conveniente relato con respecto a la oportunidad que tendrían todavía, supuestamente, las burocracias gubernamentales capitalistas para “detener”, mediante la aplicación de los llamados “acuerdos climáticos internacionales”, el curso catastrófico de la actual crisis ecológica. Serían de hecho justamente estos “consensos institucionales”, sostenidos sobre la base tanto de una serie de fantasiosas proyecciones en torno a la factibilidad de unas ultra drásticas disminuciones de las emisiones industriales durante la próxima década, así como también de las fabulosas capacidades, igualmente imaginativas, que debería adquirir la geoingeniería durante este siglo para el impulso de un vasto programa de “emisiones negativas” (esto en el caso, por ejemplo, de una también fantasiosa implementación en gran escala de una serie de tecnologías de extracción de carbono atmosférico), lo que sería erróneamente entendido por Lowy al modo de, tal como aquel afirma, un importante “consenso científico” con respecto a la posibilidad que la humanidad aún tendría para “evitar” la catástrofe. Esto último, claro, con la condición -sine qua non- de que la solución para “detener” esta catástrofe no se quede solamente ni en la esfera exclusiva de las reformas tecnológicas del sistema productivo, así como tampoco en el terreno de los meros planes gubernamentales de reducción de las emisiones de invernadero, sino que de paso, además, a una completa “refundación ecosocialista” de nuestra civilización.

Una refundación socialista (color verde bosque) de la civilización industrial basada, tal como se le olvida señalar a Lowy y sus amigos, en los cuentos de hadas de los ya referidos “consensos institucionales” (¡no científicos!) del IPCC, esos mismos cuentos de hadas alrededor de los cuales la gran diplomacia mundial se dedica a charlar cada año, por ejemplo en el marco de las inservibles conferencias climáticas, en torno a las posibilidades que tendría aún, supuestamente, nuestra monstruosa sociedad industrial (y sus pronto 8 mil millones de habitantes) para “frenar” la catástrofe que se avecina. Cuentos de hadas que luego se encargan de repetir, como loros, aunque esta vez de manera mucha más burda que en los casos de Lowy, Tanuro o Foster, los repetidores vulgares del Ecosocialismo en el ámbito del marxismo industrial-contaminante tradicional; por ejemplo, entre otros, los ya mencionados círculos de militantes “verdes” (de sensibilidad vegana y grandes admiradores de Greta Thunberg) que impulsan las “secciones medioambientales” de La Izquierda Diario o la Red Ecosocialista del MST argentino en algunos países tales como Argentina, Chile, México o España.

Una supuesta refundación “eco-amigable” de nuestra civilización basada, entre otras estupideces, en las mismas “golosinas ideológicas” elaboradas por la ONU en torno a las capacidades, como ya dijimos fantasiosas, que tendría nuestra absolutamente destructiva sociedad de masas para torcer “a cero”, mágicamente, en un par de décadas, las millones de toneladas de gases de invernadero necesarias para alimentar al “monstruo industrialista”… esas “golosinas” o “chupetes” ideológicos que se encargan igualmente de masticar, esta vez de manera incluso todavía más patética que en los casos ya mencionados de La Izquierda Diario o el MST argentino, los estafadores ideológicos de la LIT-CI trotskista en las incipientes reflexiones “ecológicas”, casi inexistentes, que vienen llevando adelante algunos militantes aislados al interior de sus secciones nacionales. Esos mismos “chupetes” ideológicos, en definitiva, que succionan cada tanto, repitiendo al modo de una canción de cuna la frase de Gramsci en torno al “pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad”, todo aquel arco de “intelectuales eco-marxistas” que (desde Michael Lowy hasta los embaucadores eco-verdes “amigos” de Greta Thunberg de Roberto Andrés, Diego Lotito, Valeria Foglia o Domingo Lara de La Izquierda Diario) se empeñan en discutir ocasionalmente, lamiendo una y otra vez dichas golosinas medioambientalistas, su serie de muy esperanzadoras “soluciones” socialistas y asimismo “verdes” (algo así como una pegotina media mal hecha entre la consigna socialista tradicional de control obrero de la producción y la exigencia Greenpeace de “Salvemos a Willy”) al problema de un pronto colapso medioambiental planetario. Esto último, claro, en el caso de que las organizaciones marxistas tradicionales tengan, al menos, uno que otro “eco-activista” que se digne siquiera a impulsar algún espacio (siempre marginal) en las publicaciones, usualmente los domingos, de su partido “obrero”, publicaciones en las cuales dicho militante pretenderá que su respectiva organización “obrera” sí tiene, en realidad, algo que decir, aunque sea de vez en cuando, ante el “problema climático”.

¡No! ¡Es necesario ser claros y explícitos! ¡La posibilidad de un horizonte de salvación comunista durante este siglo requiere de ello! ¡La construcción de un proyecto de redención socialista, en la muerte misma si es necesario, lo necesita! Debemos decir, claramente, en contra de la perspectiva “verde-optimista” simplona del Ecosocialismo y sus secuaces ideológicos, perspectiva que se ha transformado en un obstáculo, mortal, para una real comprensión de la amenaza a la que nos enfrentamos… ¡que el avance de una crisis ecológica catastrófica es ya imparable! Es precisamente sobre esta situación de “emergencia climática global” (y pronta catástrofe mundial de envergadura geológica) a partir de donde la revolución socialista debe comenzar a discutir, tal como hiciera Lenin y sus hermanos bolcheviques a principios del siglo pasado, aunque ahora de cara al apocalipsis… ¿qué hacer?

- Antonio Turiel : ------- VOLVER INICIO

Mi posición sobre este tema es un tanto intermedia, aunque mucho más cercana a la de Fuentes que a la de Lowy. Primero que nada, no es verdad que no podamos mitigar significativamente el proceso que está en marcha, e incluso es aún posible evitar las peores consecuencias. Pero en ese “podemos” estamos considerando la cuestión meramente técnica, física si quieren. Si consideramos el factor social, la inercia social es tan grande que hace albergar pocas esperanzas de que se vayan a hacer los cambios necesarios en el escaso tiempo disponible, entre otras cosas porque aún se está jugando sobre todo a la ceremonia de la confusión. ¿Cuánta gente cree que la cosa es cuestión de reciclar los envases, no utilizar bolsas de plástico, producir más energía renovable, aumentar la eficiencia y el ahorro, y pasarse al coche eléctrico? Son esas cuestiones las que ocupan prácticamente todo el espacio de debate no sólo político, sino también público, cuando todo eso no son más que, en realidad, falsas soluciones. Falsas soluciones que en el mejor de los casos tan sólo tratan los síntomas y nunca las causas profundas, esto cuando no directamente las confunden.

Hay que ir, en realidad, mucho más lejos que una revolución socialista: hay que hacer un cambio tremendamente profundo. Hay que abolir el interés compuesto, hay que cambiar por completo el sistema productivo, las relaciones laborales, las relaciones sociales, la relación con la Tierra. Los cambios necesarios, imprescindibles en realidad, son tan grandes que su mera enumeración causa hoy un rechazo absoluto, esto en un contexto en donde el capitalismo tiene la hegemonía total del discurso, aquello al punto de que dicha hegemonía no sólo limita el pensamiento de las personas sobre qué futuros podemos imaginar, sino que también sobre cómo puede ser su colapso. Aparentemente, un colapso al estilo de -Mad Max- o -Apocalipsis Zombie- serían las únicas opciones, esto aún cuando a lo largo de la historia los colapsos no se han dado nunca de esa manera. Tal es el triunfo del discurso del capitalismo que la mayoría de la población no entiende que se pueda hacer un discurso por fuera de él. En estas condiciones, si no se produce una revolución global y radical, efectivamente no podemos esperar nada bueno. El clima se acabará de desestabilizar y para cuando se intente reaccionar haciendo algo en la dirección correcta faltarán los recursos.

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7.- Considerando la actual ruptura de los equilibrios ecológicos del periodo holocénico que han primado desde hace aproximadamente diez mil años en nuestro planeta (un ejemplo de lo anterior serían los más de 410 ppm de CO2 presentes hoy en la atmósfera, un cifra no vista en la Tierra en varios millones de años): ¿es realista plantear que el socialismo podría “restablecer” el llamado “equilibrio metabólico hombre-naturaleza”, esto tal como plantea el Ecosocialismo y los principales referentes de la ecología marxista? ¿Es esta consigna una fantasía o una potencial realidad?

- Michael Lowy :

Francamente, no sé sí sea posible algo así como “restablecer” el equilibrio ecológico tal como existió en el holoceno. Pero por lo menos deberíamos (y podemos hacerlo) tomar medidas enérgicas que nos permitan superar la ruptura metabólica que representa el capitalismo. Lo anterior serviría así para crear condiciones para un nuevo equilibrio entre el hombre y la naturaleza, uno que pueda evitar la catástrofe.

A partir de aquí, la recomposición de este equilibrio no sería una fantasía, pero tampoco (todavía) una realidad. Ahora bien, es la única propuesta racional para superar el callejón sin salida capitalista. Sólo una reorganización ecosocialista de la vida económica, social y política podría restablecer, por lo meno en parte, el equilibrio metabólico entre las sociedades humanas y la naturaleza.  No hay ninguna garantía, sin embargo, que se logre imponer una alternativa ecosocialista al colapso civilizatorio. ¡Esto dependerá de todos nosotros!

- Miguel Fuentes : ------- VOLVER INICIO

Michael Lowy plantea, literalmente, que no sabe si podamos ser capaces de reestablecer el equilibrio ecológico que primó en la Tierra durante el periodo holocénico. Reglón seguido, aquel afirma que, sin embargo, sería todavía posible tomar una serie de medidas para superar la actual ruptura metabólica entre el hombre y la naturaleza, asegurando con ello las condiciones para la creación de un “nuevo equilibrio ecológico” que nos permita, entre otras cosas, “evitar” la catástrofe. ¡Bien! ¡Crear un nuevo “equilibrio ecológico” que reemplace al del holoceno… ¿cómo no se nos ocurrió antes? Y es que sólo bastaría con que integremos al programa de la revolución socialista la consigna de la creación de este “nuevo equilibrio”, esto por ejemplo gracias a una reorganización racional del sistema económico internacional y la redistribución de las riquezas mundiales, para que dicha revolución pueda estar capacitada para generar, nada menos, que un nuevo equilibrio ecológico sobre nuestro planeta. Un nuevo equilibrio ecológico configurado no a lo largo de decenas o cientos de millones de años tal como ocurriera en el caso de algunos de los anteriores equilibrios geológicos que primaron en la Tierra en eras pasadas, sino que, esta vez, tan sólo en décadas. Y no sólo esto, sino que además un tipo de equilibrio medioambiental con la capacidad de, no importa cuanto hayan avanzado hasta ahora las condiciones de degeneración medioambiental inducidas por el capitalismo, permitir a los siete mil millones de habitantes que constituyen la actual población mundial no sólo seguir satisfaciendo sus necesidades materiales de subsistencia, sino que, de la mano de la imposición del socialismo mundial, comenzar a disfrutar de unas condiciones de vida “realmente dignas”.

¡Maravilloso! La idea ecosocialista en torno a la creación de un nuevo “equilibrio metabólico” (un término que nuestros ecosocialistas usan a menudo para dar prueba de la gran profundidad teórica-práctica de sus propuestas) suena bastante bien. Por un lado, aquella integraría tanto los beneficios propios de los programas revolucionarios industrialistas de los siglos pasados (esto en lo que respecta, por ejemplo, a la aseguración íntegra y efectiva de las necesidades materiales del conjunto de la población mundial), así como también, por otro lado, las ventajas inherentes a la creación de un nuevo marco armónico de relación entre la sociedad y el medioambiente. En otras palabras, algo así como los sueños de Lenin y Greenpeace unificados. ¿Se podría entonces, realmente, pedir más? Si hasta pareciera que la fenomenal crisis ecológica y de recursos que se aproxima fuera una especie de oportunidad (-in extremis-) para una “refundación verde” de nuestra civilización y no lo que realmente es; es decir, no soló uno de los productos más nefastos de las derrotas de la revolución socialista en los últimos dos siglos, sino que, además, una amenaza existencial inminente de la cual, probablemente, no salgamos vivos.

Hagamos por lo tanto un alto y discutamos porqué la sin duda atractiva idea ecosocialista de una restauración del llamado equilibrio metabólico ha pasado a ser, en nuestras condiciones históricas, o bien una utopía, o bien una estafa ideológica. Partamos aquí por preguntarnos si es realmente factible defender la creación, tal como sugiere Lowy, de un “nuevo” equilibrio ecológico distinto al que imperara durante el periodo holocénico y que, ante la imposibilidad de una restauración completa de las condiciones de este último, nos permitiría “evitar” el desarrollo de un cambio climático catastrófico. ¿Es consciente Lowy en esta afirmación de que literalmente todo lo que hemos conocido no sólo como civilización, sino que, además, las propias bases del desarrollo de la primeras sociedades agrícolas-ganaderas y la vida sedentaria fue en gran medida viable, justamente, por la existencia de los rangos de variabilidad climática que caracterizaron al hoy agonizante periodo holocénico? ¿Tiene presente este intelectual ecosocialista el hecho de que los pilares climáticos de dicho periodo geológico fueron los que hicieron posible, en gran medida, el desarrollo de todas las sociedades estatales desde las polis griegas hasta los grandes imperios coloniales de los siglos XIX y XX? ¿Considera aquel que el mismo desarrollo del capitalismo, basado en una lógica de crecimiento infinito, fue también posible, precisamente, por las condiciones medioambientales generales del periodo holocénico que, en combinación con los adelantos tecnológicos y productivos de la economía capitalista, confirieron a esta última la abundancia de recursos agrícolas y naturales necesaria para su funcionamiento y expansión? ¿Tiene en cuenta Lowy, en su al parecer total subvaluación de la importancia fundamental que tendría el marco medioambiental holocénico para la sobrevivencia de nuestra propia sociedad, que ni siquiera sabemos si sería dable preservar aquello que hemos denominado hasta ahora como civilización en un contexto geológico “distinto” al del Holoceno… esto último ya que, por lo menos hasta hoy, la civilización misma ha sido, en los hechos, un fenómeno eminentemente holocénico?

Más aún… ¿tendrá presente Lowy que cualquier otro tipo de equilibrio ecológico que no esté basado en la preservación de las condiciones holocénicas sería muy probablemente incompatible con la sobrevivencia de una gran parte de la actual población mundial, esto si se consideran, por ejemplo, las condiciones climáticas imperantes durante el Plioceno, un periodo geológico que, caracterizándose por una temperatura global ligeramente superior a la de los últimos milenios, era demasiado caliente para la preservación de los sistemas agrícolas actuales? ¿De que estamos hablando, por lo tanto, cuando se afirma, ligeramente, que sería posible crear las condiciones para la configuración de un “nuevo” equilibrio ecológico que, distinto al holocénico, nos permitiría “evitar” la catástrofe? ¿Son conscientes los exponentes ecosocialistas al realizar estas afirmaciones de que la mayor parte de los periodos geológicos que han existido sobre la Tierra, salvo el Holoceno, se han caracterizado por condiciones mucho más hostiles para la sobrevivencia de nuestra especie? ¿Tienen en cuenta los ecosocialistas, otra vez, que la diferencia de tan soló unos grados en la temperatura global media durante este siglo nos pondría ante un contexto climático demasiado caliente o demasiado frío para la preservación de la humanidad sobre una gran parte del planeta, siendo un ejemplo de lo anterior el difícil escenario paleoclimático que las sociedad humanas debieron enfrentar durante el Pleistoceno (o edad glacial); es decir, un periodo geológico que con sólo unos cuantos grados centígrados de temperatura por debajo de la línea de base del siglo XIX era tan frío que una porción significativa de la Tierra era totalmente inhabitable?

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Holoceno y civilización en los últimos diez mil años (variabilidad holocénica en azul)

¡No! Contrariamente a lo que plantea Lowy, no existiría ningún tipo de equilibrio ecológico “alternativo” con el cual simplemente “reemplazar” las condiciones medioambientales (inusualmente estables) existentes durante el Holoceno. Esas condiciones climáticas que imperaron durante los últimos diez mil años en la Tierra y cuyo marco geológico base ya habría sido volado en pedazos por el avance de la destrucción capitalista, esto tal como muestra, por ejemplo, el reciente rebasamiento del límite de los 400 ppm de CO2 atmosférico, un nivel no visto sobre nuestro planeta en varios millones de años. Esa destrucción ambiental capitalista responsable, asimismo, de los actuales ritmos de acidificación marina (sin precedente en los últimos 300 millones de años) y las inéditas tasas de desaparición de las especies, las cuales han alcanzado ya niveles entre un 100% y un 1000% superiores a las tasas naturales. ¡No! El equilibrio medioambiental holocénico; es decir, el único equilibrio geológico que la civilización ha conocido hasta hoy, ya ha sido pulverizado… ¡esto incluso antes de haberse rebasado la barrera catastrófica de los 1.5 grados centígrados de calentamiento global fijada por la ONU!

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Niveles actuales de CO2 en escala geológica

Y resulta que este equilibrio medioambiental, deshecho ya por el frenesí destructivo de la sociedad industrial, no puede ser ni “reparado”, esto tal como tampoco puede ser reparada (¡aún con todo nuestro desarrollo tecnológico!) una botella de vidrio al estrellarse a toda velocidad en contra de un muro, así como tampoco, tal como dijimos, “reemplazado”. Esto último, precisamente, porque los equilibrios geológicos no son simplemente botellas que puedan ser intercambiadas luego de que alguna de aquellas se haya “roto” (o “fracturado”), sino que, por el contrario, el resultado de una compleja interacción de ecosistemas y factores climáticos a lo largo de miles de años de la cual, en muchos casos… no conoceríamos prácticamente nada.

Un ejemplo de lo anterior puede encontrarse en el caso del estado del conocimiento científico sobre los océanos, los cuales a pesar de la importancia vital que poseen para la reproducción de las cadenas tróficas del planeta, serían hasta hoy incluso más desconocidos para la humanidad que el espacio exterior (hasta el año 2016, por ejemplo, sólo el 5% del suelo marino había sido incluido en registros topográficos). Otra muestra de lo mismo se hallaría en nuestra comprensión (incomprensión, mejor dicho) del funcionamiento y carácter de otro de los componentes esenciales de la vida natural: los sistemas arbóreos. Dando cuenta de las importantes lagunas del pensamiento científico moderno en torno al funcionamiento de los ecosistemas terrestres, recientes investigaciones han dejado en evidencia el casi completo desconocimiento que caracterizaba a las ciencias naturales, hasta hace sólo algunos años, en torno a la existencia de una vasta red de comunicación entre una gran parte de las comunidades arbóreas del planeta. La complejidad de esta red sería de tal envergadura que aquella destacaría, de hecho, por la presencia de importantes fenómenos de cooperación y competencia social entre árboles, teniendo estos últimos incluso la capacidad no sólo de comunicarse entre sí potenciales peligros, sino que además de conformar extensas “comunidades” en las cuales una determinada “familia” podría llegar en ciertos casos, sorprendentemente, a transferir nutrientes a sus miembros más necesitados.

Lo anterior son solamente dos ejemplos ilustrativos, en dos sectores neurálgicos de los ecosistemas terrestres, de las tremendas limitaciones (insalvables de acuerdo con varios pensadores) que tendría el desarrollo científico actual (y probablemente el de muchas décadas en el futuro) para pensar en asumir, seriamente, cualquier tipo de “reparación” o “reemplazo” (ecosocialista) de los ya definitivamente “fracturados” (o mejor dicho deshechos) equilibrios holocénicos. Agreguemos a esto que ni siquiera hemos mencionado todavía, tal como desarrollaré en una de mis siguientes respuestas (ver pregunta 8), las enormes limitaciones que tendrían los avances tecnológicos contemporáneos (y tal vez los de las próximas centurias) para llegar incluso a imaginar una restauración no traumática (es decir, que no se cobre la vida de cientos o miles de millones de personas) de tan sólo una parte de dichos equilibrios, esto último, claro, si es que algo así como la restauración de una “parte” de un todo tan complejo como el ciclo de la vida terrestre pueda ser posible.

intercambio de nuctrientes en arboles

Red arbórea de intercambio de nutrientes (1)

Lo que nos estaría mostrando la evidencia científica como perspectiva más probable sería así, con cada vez más fuerza, la apertura de un nuevo periodo geológico marcado por un progresivo desequilibrio estructural y degradación terminal del conjunto de los ecosistemas terrestres. Sería justamente a esto a lo que apuntaría un creciente número de investigadores al defender la idea del comienzo de un nuevo periodo geológico caracterizado por el inicio de la VI extinción masiva de la vida terrestre. Otro término para este nuevo periodo geológico sería el de Antropoceno. Lo importante que se debe tener aquí en cuenta es que ambos conceptos aludirían al desarrollo de un marco medioambiental definido no sólo por un empeoramiento progresivo (e irreversible) de las condiciones de habitabilidad humana sobre el planeta, sino que, además, por plantear la posibilidad de un salto todavía más catastrófico de la crisis climática, esta vez con la capacidad de amenazar durante este siglo o los siguientes el conjunto de la vida compleja existente en la Tierra. Una de las perspectivas más temidas por algunos científicos que mostraría dicha posibilidad sería la del inicio de una dinámica de súper-aceleración del calentamiento global (perspectiva definida bajo el concepto de Runaway Global Warming), esto por ejemplo en el caso de producirse la liberación (potencialmente cercana) de las masivas reservas naturales de metano almacenadas en el permafrost o los lechos marinos en las zonas árticas. Dicho de otro modo, un escenario medioambiental en gran medida impredecible, asociado a un contexto planetario no necesariamente moldeado por la acción de aquellos mecanismos de homeostasis terrestre a los que hiciera alusión Turiel previamente, sino que, por el contrario, a uno que sea testigo de una re-edición (o de algo tal vez peor) de algunos de los fenómenos más destructivos de la historia geológica: por ejemplo, de alcanzarse un calentamiento global entre 5 y 6 grados centígrados durante este siglo, la extinción pérmica.

Todo apuntaría así, como dijimos, a un escenario objetivo incompatible con la restauración de ningún “equilibrio metabólico”, esto por lo menos durante este siglo y, probablemente, los venideros. El escenario más coherente con la evidencia científica disponible parecería ser, por el contrario, uno en el cual la humanidad no contaría ya con la posibilidad ni de detener la dinámica de degradación terminal de las condiciones geológicas del expirante periodo holocénico, así como tampoco de reeditar otras condiciones naturales “alternativas” (similares) a aquellas. Habiéndose ya perdido irremediablemente durante el siglo pasado la posibilidad de una superación revolucionaria del capitalismo que nos hubiera permitido enfrentar probablemente en mejor pie la situación (abismal) de quiebre ecosistémico en que nos encontramos hoy, lo que nos quedaría ahora sería un escenario (inevitablemente traumático) en el cual mientras un segmento importante de la humanidad estaría ya condenado, literalmente, a la desaparición (es decir, a la muerte), el otro estaría por hacer frente a un empeoramiento progresivo, irreversible y sistemático de sus condiciones de vida. Esto último, tal como ya dijimos, con o sin socialismo mundial… y sin poder descartarse el avance de un potencial fenómeno de extinción humana total en el mediano o largo plazo, aquello en el caso de que la sociedad capitalista declinante o sus posibles derivaciones post-colapsistas, que serán seguramente monstruosas, tampoco logren ser “superadas” a tiempo. De hecho, sería sólo esta forma “sui generis” de superación (senil) del capitalismo; esto es, un tipo de “superación” del mismo que estaría ya incapacitada para detener o frenar el fenómeno ya activado de colapso civilizatorio, la única “superación” posible de este sistema o de las potenciales sociedades post-capitalistas que podrían sucederle en el escenario histórico durante este siglo o en los próximos.

¡Este es el precio nuestros fracasos! ¡Este es el resultado de nuestra incompetencia para cumplir con la tarea de eliminar, de raíz, al capitalismo! ¡Esta es nuestra recompensa! ¡No la posibilidad de una reedición “verde” (ecosocialista) de nuestros proyectos revolucionarios ya fracasados, sino que, por el contrario, la exterminación segura, inevitable, de una gran parte de nuestra especie! A todas luces, el proceso histórico futuro no se nos presenta al modo de esa amable consejera a la cual parecería apelar el discurso ecosocialista en sus arengas medioambientales, esa “consejera ecosocialista” que, oscilando siempre entre las apelaciones a la revolución social y el reformismo académico más grotesco (la propia organización de Lowy, la LCR, es un ejemplo perfecto de esto último), pareciera invitarnos a cada momento a que intentemos avanzar, por enésima vez, aunque ahora en un plazo de tan sólo unas cuantas décadas, por el camino de esa misma transición socialista que hemos sido incapaces de atravesar en más de dos siglos, sino que, en realidad… como una hiena de ojos de sangre que, sabiéndonos acorralados, se dispone a destriparnos. Este es el precio de las derrotas de la revolución: ¡la muerte!

¿Pero quiere decir esto que ya no pueda hacerse nada para enfrentar la crisis que se avecina y que debemos, entonces, simplemente sentarnos a esperar nuestra extinción? No necesariamente. Lo que quiere decir lo anterior, en realidad, es que, precisamente para que podamos hacer algo ante esta crisis, una de las primeras cuestiones que debemos hacer es reajustar nuestras expectativas con respecto a lo que, de acuerdo a un criterio realista, podremos llegar (o no) a hacer durante este siglo para enfrentar el derrumbe. Esto último para intentar resistir, de la mejor manera posible, aquello que, si tenemos en cuenta la verdadera gravedad y magnitud de los fenómenos de destrucción ecosistémica que hemos desencadenado, se presenta ya como uno de los desafíos evolutivos más importantes a los que se ha enfrentado (y enfrentará) la especie humana.

¿Pero cómo es posible que Lowy y una gran parte de los referentes del Ecosocialismo pasen por alto (o, al menos, no integren plenamente) el cúmulo de evidencias científicas disponibles con respecto al carácter y las proyecciones catastróficas -reales- de la actual crisis ecológica y energética? Dado el protagonismo que han tenido estos referentes durante las últimas décadas en el avance de la discusión anticapitalista en torno al problema medioambiental, es imposible explicar lo anterior como el producto de un mero desconocimiento de dichas evidencias. La razón del quiebre, cada vez más agudo, entre las concepciones ecosocialistas, por un lado, y las proyecciones crecientemente catastróficas de la crisis climática-energética, por otro, hunde sus raíces, a mi juicio, en el ámbito de la propia matriz teórica con la cual el Ecosocialismo ha tendido a comprender no sólo el concepto de “fractura metabólica”, sino que, además, las propias capacidades que tendría, supuestamente, un proyecto anticapitalista para revertirla.

En el caso de Bellamy Foster, por ejemplo, uno de los teóricos marxistas más importantes del concepto de “fractura metabólica” en Marx y cuyas elaboraciones constituyen una especie de piedra angular del pensamiento ecológico marxista contemporáneo, lo que existiría es, a mi parecer, un doble problema cuyo origen podría rastrearse en el propio Marx. El primero de estos problemas sería, tal como he mencionado al pasar anteriormente, una marcada subvaluación en las concepciones de este autor tanto del verdadero carácter catastrófico que tendría hoy la crisis ecológica, así como también de sus potenciales efectos disruptivos al nivel del desarrollo histórico y la lucha de clases. Esta subvaluación se expresaría, entre otras cosas, en una escasa integración en la reflexión ecosocialista de las implicancias teórico-programáticas y prácticas de los peligros (cercanos) de un derrumbe ecosistémico global y un fenómeno inminente de colapso civilizatorio y extinción humana. En el ámbito de las organizaciones marxistas influenciadas en mayor o menor grado por las ideas de Foster y la ecología marxista, lo anterior tomaría la forma de una mantención, en gran medida incólume, de los mismos marcos programáticos marxistas tradicionales del siglo pasado, aunque ahora adornados (-aggiornados-) con una serie de discusiones filosófica-políticas de tono ecológico y una gama variopinta de consignas medioambientales cuya finalidad sería actuar, no como el catalizador de una profunda reformulación estratégica revolucionaria capaz de integrar el horizonte de un colapso ecológico planetario, sino que, por el contrario, al modo de un tipo de “complemento verde” (ecológico) de los viejos programas marxistas industriales.

Con todo, lejos de constituir esto último, al decir de Bellamy Foster, el producto de una supuesta “escasa comprensión” por parte de las organizaciones marxistas tradicionales de los postulados ecológicos presentes en la obra de Marx y Engels, la raíz de este problema podría detectarse, como ya mencioné, en las reflexiones del propio Marx quien, a pesar de haber sido uno de los primeros pensadores socialistas en describir la dinámica disruptiva que ejerce el capitalismo sobre los ciclos naturales (de ahí su definición en “El capital” de “fractura metabólica”), no llegó nunca a concebir, posiblemente por los propios condicionantes históricos y culturales del conocimiento científico de su tiempo, ni los ritmos ni la magnitud (geológicamente inéditos) que podría alcanzar esta “dinámica de fractura”. En otras palabras, la definición que hiciera Marx en “El capital” en torno a la “fractura metabólica” (una designación, como dijimos, para representar el impacto ecológico disruptivo asociado al modo de producción capitalista) constituye la “intuición teórica” de un fenómeno que debía, todavía, materializarse históricamente. Habría sido recién durante la segunda mitad del siglo pasado cuando este fenómeno habría terminado, de hecho, no sólo de desplegar toda su potencia destructiva, sino que, además, de manera imprevista para el propio marco teórico marxista tradicional, de constituirse en uno de los factores potenciales de colapso más importantes del sistema capitalista.

La evaluación que hacen Foster, Lowy y otros referentes del Ecosocialismo con respecto al peligro que representaría hoy el empeoramiento (a niveles nunca vistos) de la “fractura metabólica”, se quedaría así, por lo tanto, a medio camino (atrapada) entre la definición “intuitiva” (eminentemente teórica-hipotética) de la misma que hiciera Marx durante el siglo XIX, por un lado, y el estado de la discusión científica actual en torno al problema de la crisis ecológica, por otro. Sería justamente este “aprisionamiento teórico” entre la insuficiente (y en algunos aspectos caduca) reflexión de Marx con respecto a la definición de “fractura metabólica” y el estado actual de la discusión científica en torno a la crisis climática lo que impediría al Ecosocialismo, entre otras cosas, avanzar hacia un verdadera reflexión teórico-programática (actualizada) del peligro de un ecocidio planetario. Es justo mencionar aquí, sin embargo, que fue ya el propio Marx quien sugiriera en distintos pasajes de su obra, tal como ha desarrollado extensamente el mismo Bellamy Foster y otros ecólogos marxistas, el peligro de un potencial fenómeno de extinción de nuestra especie como resultado de, por un lado, una intensificación del fenómeno de alienación del capital respecto al medio natural y, por otro lado, de una exacerbación de los desbarajustes medioambientales de los que aquel era testigo.

john bellamy foster

John Bellamy Foster

El segundo problema asociado a la lectura ecosocialista del concepto de “ruptura metabólica” se relacionaría, tal como es posible advertir en los trabajos de Foster y en algunas de las respuestas anteriores de Lowy, a la existencia de un marcado sobreoptimismo con respecto a las capacidades que, supuestamente, tendría el socialismo para implementar las respuestas sociales y tecnológicas requeridas para superar la actual crisis ecológica (como hemos dicho, de una magnitud que ni siquiera el propio Marx llegó a concebir). Este tipo de exacerbado “optimismo sociológico” (o “socio-tecnológico”) se expresaría, asimismo, en una tácita sobrevaloración en el marco interpretativo ecosocialista de las capacidades atribuidas al capitalismo para evitar, o al menos para aplazar indefinidamente, un fenómeno de colapso social (autoinducido) como resultado del agravamiento de la crisis ecológica y su combinación con los efectos de un potencial derrumbe energético y de recursos a nivel planetario. Debe destacarse aquí, con todo, que esta sobreestimación de las capacidades del sistema capitalista para evitar su propio colapso no se daría en el ámbito ecosocialista de manera explícita, sino que, por el contrario, de un modo vergonzante. Esto quiere decir que mientras la mayoría de los referentes ecosocialistas aceptarían (teóricamente) la posibilidad de un colapso capitalista (esto último apelando, por ejemplo, a los planteamientos de ciertos pensadores marxistas tales como Rosa Luxemburgo o Walter Benjamin), aquellos terminarían siempre por aplazar esta posibilidad para un futuro indefinido y abstracto; esto es, sin realizar una integración real de la misma en el análisis histórico. Una muestra de este tipo de posiciones vergonzantes puede verse, otra vez, tanto en algunas de las respuestas anteriores de Lowy, así como también en varias de las posturas defendidas por otros referentes ecosocialistas tales como Daniel Tanuro o Ian Agnus. Muestras adicionales de lo mismo pueden encontrarse en el ámbito de los ya mencionados repetidores vulgares del Ecosocialismo en el terreno del marxismo industrialista latinoamericano: por ejemplo, en el caso de los ya referidos “círculos verdes” de ciertas organizaciones filo-socialdemócratas y trotkystas tales como como el PTS, el PTR o la Red Ecosocialista del MST en Argentina y Chile. Otra muestra de lo anterior puede hallarse, esta vez a un nivel que rayaría en lo grotesco, en algunas de las escasas (y pobrísimas) reflexiones de la LIT-CI sobre la problemática ambiental.

La existencia de esta forma de sobreoptimismo sociológico, el cual constituiría uno de los sellos teóricos de la ecología marxista clásica y el pensamiento ecosocialista, tendría también sus raíces en otras de las posiciones, de tono industrial-productivistas, defendidas por Marx y Engels a lo largo de sus vidas. Una de aquellas puede encontrarse en los argumentos de Marx en su acalorada (y posiblemente exacerbada) refutación de las ideas de Malthus en torno a un posible derrumbe poblacional como efecto de la tendencia al agotamiento de los suelos agrícolas. Contrariamente a la perspectiva catastrofista de Malthus, Marx defendió en ese entonces el postulado de que el avance del desarrollo tecnológico característico del sistema industrial sería, de hecho, lo suficientemente dinámico como para evitar, de manera permanente, un escenario de colapso demográfico como el planteado por la hipótesis malthusiana, determinada por la combinación entre una población humana en continuo crecimiento, por un lado, y una situación de escasez alimentaria creciente, por otro. Si bien las posiciones de Marx constituyeron en su momento una correcta refutación de las ideas malthusianas, aquellas tuvieron el límite de no reconocer la posible validez futura de algunas de las previsiones elaboradas por Malthus, esto por ejemplo en el caso de producirse un salto (imprevisto) de las condiciones de degradación ecológica planetaria. La importancia de esto último queda de manifiesto si se consideran los desafíos estructurales que estaría comenzando a enfrentar hoy la producción agrícola mundial como efecto tanto del agotamiento de la pasada “revolución verde” (la que habría terminado por generar graves desbarajustes al nivel de las bases de la producción agrícola), así como también de los impactos iniciales del cambio climático sobre aquella.

Ahora bien, aunque no es posible achacar a Marx la responsabilidad de no haber predicho el cambio que tendrían las condiciones objetivas del desarrollo histórico tomadas en cuenta por aquel en la elaboración de su respuesta a la hipótesis de la catástrofe malthusiana, sí es posible detectar en sus posturas, al menos, una confianza posiblemente excesiva, explicable sin duda por el apogeo en dichos momentos de la mayor transformación tecno-científica que haya experimentado la humanidad hasta ese entonces: la revolución industrial, en las capacidades de un desarrollo tecnológico supuestamente continuo, unilineal y, posiblemente en las concepciones de Marx, “perpetuo”. Sería precisamente la existencia de dicha impronta desarrollista industrial existente en varios de los postulados fundacionales no sólo de la obra de Marx y Engels, sino que, además, en la de algunos de los principales exponentes del Marxismo clásico (por ejemplo, Lenin, Trotsky, Luxemburgo o Gramsci), lo que se encontraría en la base del ya referido desmesurado “optimismo sociológico” que impregnaría mucha de las posiciones del Ecosocialismo.

Otros aspectos del exacerbado optimismo socio-tecnológico que caracterizaría los planteamientos ecosocialistas se alimentarían, asimismo, de las posturas tradicionales del marxismo tradicional en torno a las pretendidas capacidades que tendría la clase obrera para liderar una transición socialista supuestamente apta, incluso ante la perspectiva del desarrollo de una crisis ecológica súper catastrófica, para satisfacer íntegra y efectivamente las necesidades sociales de la humanidad. Se presupone aquí que, gracias a la ubicación objetiva de esta clase en el sistema productivo (perspectiva sociológica), aquella se vería facultada automáticamente (al menos en el plano objetivo) para asegurar, por ejemplo, mediante la instauración de un sistema de economía planificada, una transición al socialismo plenamente “armónica” con la naturaleza. Una de las características de estas posiciones, las cuales dan muchas veces por sentada, de manera acrítica, dicha supuesta facultad que tendría el proletariado para lograr una “reorganización socio-ecológica” efectiva de las relaciones productivas, sería en muchas ocasiones rehuir, tal como hemos mencionado en diversos lugares anteriormente, no sólo de una verdadera problematización científica, teórica, política y programática de la crisis ambiental contemporánea, sino que, además, de cualquier consideración de las posibles “distorsiones estructurales” que un fenómeno de crisis ecológica y colapso civilizatorio inicial podrían comenzar a generar en la dinámica de la lucha de clases contemporánea, esto incluso antes de una fase abierta (o plena) de crisis ecosocial catastrófica mundial. Una muestra extrema (“maestra”) del exacerbado optimismo socio-tecnológico presente en la tradición marxista industrialista con respecto a las capacidades que tendría el proletariado, pretendidamente, para la generación de un nuevo marco “socio-natural” de desarrollo civilizatorio puede encontrarse, aunque elaboradas en otro contexto histórico, en algunas de las ideas de Trotsky defendidas en “Literatura y Revolución” en torno a la supuesta posibilidad de un dominio casi total de la naturaleza por parte del “nuevo hombre socialista”. Esta discusión será retomada en algunas de mis siguientes respuestas en este debate. Por el momento puedo recomendar a los lectores con respecto a este tema el muy interesante artículo de Daniel Tanuro “La pesada herencia de León Trotsky”.

- Antonio Turiel : ------- VOLVER INICIO

Tiene razón Fuentes cuando tan detalladamente explica que volver al equilibrio del Holoceno, ese paraíso perdido, es a estas alturas imposible; en primer lugar, porque el propio Holoceno representa una anomalía geológica, una que hizo posible la proliferación de la vida humana y que, probablemente, tendríamos que haber hecho lo imposible por preservar – tarea que ya era difícil de por sí. Sabemos que incluso la propia agricultura tradicional, por ejemplo, tiende a deteriorar la capa fértil del suelo con el arado repetido de la tierra. Igualmente, al eliminarse los bosques para ganar terreno para cultivar se eliminan los cortavientos naturales, produciendo esto último un tipo de desequilibrio de estos terrenos que termina causando fenómenos como el -Dust Bowl- de los años 30 en los EE.UU. Seguramente algo parecido, combinado con un cambio climático a escala regional (posiblemente agravado por los cambios en la cobertura vegetal que modificó la evaporatranspiración de dicha zona) convirtió el Creciente Fértil en la zona desértica que es ahora mismo.

Lo cierto es que nuestro conocimiento científico actual es muy limitado y por eso la pretensión de que somos capaces de “restablecer ecosistemas” es bastante ilusoria. Estamos lejísimos de poder hacer tal cosa, entre otras cosas porque los ecosistemas experimentan procesos de histéresis y una vez que los alejas mucho de su punto de equilibrio, aquellos simplemente no pueden volver al estado anterior, acabando así forzosamente en un nuevo estado, el cual puede ser para nuestros intereses poco conveniente. En general, los nuevos ecosistemas, que son muy estables, son de baja biodiversidad y bastante áridos. Desde aquí es que, esencialmente, convertimos lo que alteramos en desiertos, los cuales son muy estables y difíciles de revertir. Y a la Naturaleza le lleva decenas de miles de años convertir un desierto en un terreno fértil, y nosotros, en nuestra prepotencia, creemos poder hacerlo en cuestión de décadas. ¡Qué va!

Dado que no entendemos todos los engranajes del equilibro ecosistémico, deberíamos seguir un principio de elemental precaución y simplemente intentar disminuir nuestra huella, alterando tan poco como sea posible estos ecosistemas. No intentemos remediar nada: simplemente, intentemos no fastidiarla más.

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Léalo en las siguientes entregas de este debate (adelanto)

-Michael Lowy:

Este argumento ilustra el estilo arrogante, intolerante, sectario y estéril de ciertos grupúsculos “colapsistas”.

-Miguel Fuentes:

El derrumbe electoral del trotskismo y el anticapitalismo francés y argentino ante la derecha y el peronismo, así como también la total adaptación del Ecosocialismo a la consigna reaccionaria de “petróleo barato” de los chalecos amarillos, demuestra la bancarrota de una izquierda que no está discutiendo las implicancias de un próximo fenómeno de colapso.

Próxima sección

-Ecosocialismo versus Marxismo Colapsista (IV)

Discutiendo las capacidades de la tecnología y el socialismo para “frenar” un cambio climático catastrófico

-Las secciones anteriores de este debate pueden leerse en el siguiente enlace:

https://www.scribd.com/document/441112422/Michael-Lowy-Ecosocialismo-versus-Colapsismo

Materiales de lanzamiento reciente

-El Horizonte de un colapso civilizatorio inminente. Entrevista de Paul Walder a Miguel Fuentes (I)

Enlace: http://www.politika.cl/2019/12/14/parte-i-el-horizonte-de-un-colapso-civilizatorio-inminente-conversacion-entre-paul-walder-y-miguel-fuentes/

-La inevitabilidad de la catastrofe. Entrevista de Paul Walder a Miguel Fuentes (II)

Enlace: http://www.politika.cl/2019/12/22/conversacion-con-miguel-fuentes-parte-ii-la-inevitabilidad-de-la-catastrofe-eco-social-planetaria/

Materiales adicionales (online)

Ecosocialismo

Manifiesto Ecosocialista. https://www.rebelion.org/hemeroteca/sociales/lowy090602.htm

Ecosocialismo y Crisis Civilizatoria. https://razonyrevolucion.org/crisis-ecologica-crisis-capitalista-crisis-civilizatoria-la-alternativa-ecosocialista/

Michael Lowy, la Crisis Ecológica y el Colapso. https://www.elmostrador.cl/noticias/mundo/2017/05/28/michael-lowy-advierte-sobre-la-crisis-ecologica-es-un-tren-suicida-que-avanza-con-una-rapidez-creciente-hacia-un-abismo/

Marxismo Colapsista

-Presentación de “Marxismo y Colapso”: https://www.eldesconcierto.cl/2019/03/09/marxismo-y-colapso-la-ultima-frontera-teorica-y-politica-de-la-revolucion/

Marxismo y Colapso Web: https://www.marxismoycolapso.com

Marxismo y Colapso Facebook Fanpage: https://www.facebook.com/Marxismo-y-Colapso-Redes-104267944397619/

Teoría del Decrecimiento

El agotamiento del petróleo (Antonio Turiel) https://www.comillas.edu/images/catedraBP/Presentacion%20Antonio%20Turiel.pdf

Antonio Turiel (Entrevista) https://ultimallamadamanifiesto.wordpress.com/2018/12/11/turiel-la-transicion-a-las-energias-renovables-implica-el-fin-del-crecimiento-y-por-tanto-el-fin-del-capitalismo/

The Oil Crash Blog: http://crashoil.blogspot.com/

(1) How Trees Secretly Talk to Each Other in the Forest (https://www.youtube.com/watch?v=7kHZ0a_6TxY).


CONCEPTOS COLAPSO ANÁLISIS SISTÉMICO DEL COLAPSO (índice) COLAPSISMO : ADAPTACIÓN PROFUNDA
TRANSICIÓN... Y MÁS AÚN Ecosocialismo Colapsismo MÁS APORTACIONES
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CONCEPTES -- SOCIEDAD/TAT INTERNET COLAPSO - COL·LAPSE GEOPOLÍTICA PODER - CONFLICTOS CLIMA - RENOVABLES PRESENTACIÓ
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Marxisme i Colapse: INDEX GENERAL ARTICLES ----- REFERÈNCIES CIENTÍFIQUES
Ecosocialisme versus Marxisme Colapsista (I) . Alguns elements de la crítica del colapsisme marxista l'Ecosocialisme.
Marxisme i Colapse: L'última frontera teòrica i política de la Revolució. Article de Miguel Fuentes 09/03/2019
Conversació Michael Lowy, Miguel Fuentes i Antonio Turiel (primera part)
PREGUNTA 6 (P6) -- PREGUNTA 7 (P7) ----- MICHAEL LÖWY - (P6) (P7) /--/ MIGUEL FUENTES - (P6) (P7) /--/ ANTONIO TURIEL - (P6) (P7)

Ecosocialisme versus Marxisme Colapsista (III): Una conversa amb Michael Lowy, Miguel Fuentes i Antonio Turiel

Continuem en aquesta secció de la sèrie "Ecosocialismo versus Marxisme Colapsista" amb la conversa entre Michael Lowy, Miguel Fuentes i Antonio Turiel, representants de l'Ecosocialisme, el Colapsismo Marxista i la Teoria de l'decreixement. La discussió en aquesta secció se centra al voltant de la naturalesa dels perills associats a la crisi ecològica i el problema de la viabilitat o impossibilitat d'un restabliment socialista de l'anomenat equilibri metabòlic de l'home i la natura. Es convida els lectors a revisar les seccions anteriors d'aquest debat.

AT ML MF

 

Part 2

La crisi ecològica i la recomposició socialista de l'equilibri metabòlic home-natura

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PREGUNTA 6.- Podria una revolució socialista "aturar" el curs de la crisi ecològica planetària actual? En quines condicions podria un projecte socialista "revertir" aquesta última?

- Michael Lowy:

Partint de l'consens científic que seria encara possible aturar el canvi climàtic si es prenen en les pròximes dècades mesures enèrgiques i radicals, nosaltres plantegem que aquestes mesures urgents i necessàries serien incompatibles amb el propi capitalisme. Només en un procés de transició ecosocialista es podrien implementar els profunds canvis que són requerits per aconseguir aquesta comesa; per exemple, entre altres, la supressió de les energies fòssils, de l'agronegoci destructor dels boscos, de la producció de mercaderies inútils, etc.

- Miguel Fuentes:

Res no pot aturar ja el desenvolupament d'una crisi ecològica planetària catastròfica. Ni el capitalisme i el seu desenvolupament tecnològic, però tampoc la revolució socialista i la sèrie de reformes de reorganització de la producció i la societat suposadament associades a aquesta última. Els rampells cops de la catàstrofe climàtica, agreujats per l'avanç de la imminent crisi energètica, l'escassetat de recursos i la superpoblació, són totalment inevitables.

En el cas de les possibilitats que tindria encara, teòricament, el sistema capitalista per evitar aquest escenari, no fa prou afegir més arguments als defensats en qualsevol publicació ecosocialista (o marxista tradicional) de polèmica amb el "capitalisme verd". Tal com es planteja en aquelles, serien la pròpia existència de l'mercat i la competència capitalista, així com també la manutenció en l'escenari històric d'una classe social (la burgesia) l'interès fonamental és la generació de guany, alguns dels obstacles (insalvables ) més importants que impedirien que el capitalisme pugui oferir una solució real davant el problema climàtic. Un exemple d'això pot trobar-se en el rotund fracàs de pràcticament la totalitat de les conferències climàtiques organitzades per l'ONU en les últimes dècades, constituint la retirada dels Estats Units d'l'anomenat acord de París i les polítiques anti-ecològiques que està aplicant avui Bolsonaro a Brasil una mostra evident d'allò. Igualment, ja em vaig referir en una resposta anterior als impediments que tindrien els avenços tecnològics en el marc de l'actual societat capitalista per aconseguir una efectiva solució a el tipus de crisi ecològica-energètica que està començant a donar els seus primers passos a nivell internacional. Sobre aquest últim punt, que desenvoluparé més àmpliament en una de les meves següents respostes (veure pregunta 8), és possible consultar, així mateix, els debats de polèmica de diversos referents ecosocialistes en contra de l'marcat "optimisme tecnològic" que caracteritzaria no només a una gran part dels corrents ecologistes i mediambientalistes al voltant de el món, sinó que, alhora, a una porció significativa de la pròpia comunitat científica internacional. És important destacar aquí que són justament aquests debats, crítics de la confiança cega que dipositen certs sectors socials, polítics, ambientalistes i de l'àmbit científic i intel·lectual en el desenvolupament científic i tecnològic com una via de solució efectiva i suposadament infal·lible de la crisi ecològica planetària , un dels aportacions teòriques i polítics més significatius de l'Ecosocialisme i l'ecologia marxista.

Ara bé, si tenim en compte l'escala i gravetat que ha arribat la crisi ecològica en l'actualitat, es pot afirmar que ni tan sols una gran transformació social com la que podria representar, per exemple, el triomf d'una hipotètica revolució socialista mundial estaria avui capacitada per "aturar" o "evitar" l'avanç (proper) d'una crisi ecològica i energètica global de naturalesa catastròfica. Això últim, de fet, fins i tot en el cas d'assumir-la viabilitat d'una certament poc creïble "implantació exprés" (és a dir, en res més que una dècada o dues) d'una sèrie d'importants mesures globals de reorganització socialista de la societat tals com, entre altres, l'expropiació dels mitjans de producció, la planificació de l'economia a les mans dels treballadors o una redistribució mundial de les riqueses. Potser fa vint o trenta anys, d'haver-se començat en aquest llavors un agressiu pla de reorganització socialista internacional de la producció i la societat caracteritzat per un dràstic enfocament de protecció mediambiental (encara que improbable donat l'escàs paper que ha tingut històricament la problemàtica ecològica en el si de les organitzacions marxistes tradicionals), potser en aquest context la implementació de mesures com ara una hipotètica expropiació socialista dels mitjans de producció a nivell mundial, efectivament, podrien haver constituït palanques essencials per aconseguir un eventual "fre" o "detenció" de una dinàmica de crisi ecològica global catastròfica. Potser llavors, com dic, si aquestes mesures haguessin començat a ser aplicades cap a començaments de les dècades de 1970 o 1980, això en el marc de el desenvolupament d'un (poc creïble) programa de transició socialista d'aplicació "súper ràpida" no només a nivell d'un que un altre hipotètic estat socialista "ecològic" (alguna cosa així com una versió verd de l'antiga URSS o Cuba), sinó que de forma gairebé immediata (instantània) en tot el globus i amb un contingut, així mateix, "amigable" amb el medi ambient, potser en aquest escenari, sí, podria haver estat concebible que aquelles mesures de reorganització socialista ens haguessin permès evitar la catàstrofe ... però no avui quan ja estem per començar la tercera dècada de segle XXI. L'anterior queda clar si tenim en compte, per exemple, tal com vaig plantejar en una resposta anterior, el fet que ens trobaríem a menys d'una dècada (menys d'una dècada!) D'assolir els nivells de CO2 atmosfèrics suficients per assegurar, sense cap dubte possible, la ruptura de el límit catastròfic dels 1.5 graus centígrads d'escalfament global. I l'assumpte es torna encara pitjor si recordem que no hi manquen ni tan sols vint anys perquè aquests nivells arribin nivells que donarien ja per assegurat, no importa el que fem en el futur, el excés de la molt més catastròfica barrera dels 2 graus centígrads .

concentracions CO2

Concentracions actuals de CO2

Com pensen Lowy i altres ecosocialistes com ara Daniel Tanuro que rebutgen la idea d'un col·lapse ecosocial inevitable (idea que aquells descarten sota el terme de "colapsología"), llavors, que la revolució socialista seria capaç de "frenar" el desenvolupament d'una crisi ecològica catastròfica en, repetim-ho, res més que una dècada? ¿Com concebria, per tant, el Ecosocialismo de Lowy, Tanuro i companyia la resolució d'aquest problema? És que res més que impulsant pintoresques marxes ambientalistes caracteritzades essencialment pel seu pacifisme, les seves demostracions "alternatives" de lluita ciutadana i les seves moltes pancartes multicolors en pro d'un "socialisme ecològic" o una encara més abstracta "justícia climàtica"? ¿Potser de la mà de propostes eco-liberals encobertes com ara les de Ocasio-Cortez o Naomi Klein? Potser gràcies a la difusió d'aquelles discussions marxistes de to "sensible" amb els problemes ambientals en les quals abunden les imatges d'aquest "Marx ecològic" que, a la manera d'un "Santa Claus dels boscos", agraden representar freqüentment els cercles d'amics de l'Ecosocialisme ... aquest Marx "amic de la natura" que destacaria en les seves enginyoses representacions, entre altres coses, per una profusa i certament bonassa barba verda que s'assemblaria el fullatge dels arbres i on fins als ocells podrien construir els seus nius? Sí? Però s'hauran de cas oblidat els nostres ecosocialistes (o alguns dels seus repetidors vulgars en l'àmbit de l'marxisme industrialista tradicional: per exemple, els clubs d'amics dels permacultivos que impulsen les seccions de "notícies verds" de l'Esquerra Diari a l'Argentina o Xile ) que els actuals gairebé 415 ppm de CO2 ja es trobarien en gran mesura "fixats" en l'atmosfera terrestre no només per diverses generacions en el futur, sinó que, a més, per un llarg període de temps en escala geològica? Recordaran aquests exponents de la "ecosocialismología", una altra vegada, que durant aquest llarg període de temps en el qual les concentracions de CO2 terrestre no cauran per sota dels 400 ppm (això fins i tot en el cas que les emissions de gasos d'efecte hivernacle baixessin substancialment de forma immediata), les temperatures globals seguiran pujant inexorablement (això últim, per exemple, en el cas dels oceans), sent així mateix impossible disminuir en el curt i mitjà termini aquestes concentracions, allò simplement perquè no comptem amb la tecnologia (avui i en moltes dècades en el futur) per aconseguir aquesta comesa?

marx verd

Representació ecosocialista d'un Marx amic de la natura

Més encara, fins i tot posant-nos en el cas que sigui possible avui una revolució socialista que, imposant-se a nivell mundial mitjançant la violència de les masses explotades, sigui capaç d'acabar d'arrel amb les classes capitalistes ecocides i donar pas, en un termini no major als 15 o 20 anys, a la implementació d'una "transició ecosocialista global" tal com la plantejada per Lowy i altres referents de l'Ecosocialisme, ¡tot i així! ... aquesta forma de transició socialista ( "súper ràpida") darrere de la construcció d'un nou tipus de "socialisme verd" a escala planetària no podria fer res, tampoc, per evitar el desenvolupament d'una crisi ecològica i energètica global catastròfica. Això últim, entre altres coses, com ja vam dir, per la senzilla raó que aquesta societat socialista "ideal" (ecològica) tampoc comptaria durant les pròximes dècades (és a dir, el límit de temps que ens quedaria abans de l'inici d'una dinàmica - absolutament catastrófica- de la crisi climàtica) amb les tecnologies necessàries per fer front als impactes que produirà sobre el clima terrestre i els sistemes de producció de recursos dels nivells d'escalfament global ja assegurats (activats) per les actuals concentracions de gasos d'efecte hivernacle a l'atmosfera.

De fet, com aprofundiré en una resposta següent (veure pregunta 8), un dels únics camps de el desenvolupament tecnològic contemporani que podria arribar a tenir alguna ingerència real en l'avanç de la crisi ecològica en el curt termini seria el de l'anomenada geoenginyeria, requerint però aquella encara de moltes dècades de desenvolupament, tal com assenyalen una sèrie de científics a nivell internacional, perquè pugui transformar-se en una eina efectiva en el combat de el canvi climàtic. En altres paraules, un període de temps molt més gran als deu o vint anys que, com hem repetit, ens quedarien (si és que encara ens queda algun!) Abans de l'inici d'una fase catastròfica "oberta" de la crisi ecològica mundial . I tot això sense si més no integrar-se, a més, el petit "detall" de la impossibilitat de donar peu a un projecte de transició ecosocialista global en tan sols un parell de dècades, allò si considerem el fet que la burgesia internacional no sortirà de l'escena històrica sense abans intentar aferrar-se amb totes les seves forces (probablement per diverses dècades i utilitzant tots els mitjans a la seva disposició) a el poder global. Tot això ... sense si més no considerar-se, igualment, el mateix desafiament (potser impossible de resoldre sense seguir reproduint alguns dels actuals indicadors de destrucció mediambiental globals associats a el sistema industrial) que tindria una hipotètica societat socialista "ecològica" per assegurar els aliments, l'aigua , la roba, l'habitatge, la salut, l'educació, els drets socials, les opcions de gènere, les preferències identitàries, els gustos individuals ... per a una població mundial que ja ronda els vuit mil milions i que podria disparar durant les pròximes dècades a als nou, deu, onze, ¡a dotze mil milions d'habitants!

Tot això, així mateix, en el context d'una incipient crisi energètica internacional com a resultat d'un fenomen inicial d'esgotament dels combustibles fòssils que, havent començat ja a manifestar-se amb força en diversos països, faria necessària una mena de transició energètica global tan sols assolible , d'acord amb una sèrie d'estudis tècnics i assumint-un nivell de cooperació econòmica i política internacional no assolit mai durant la història moderna, en un període no menor, amb sort, a les tres o quatre dècades. Això últim en un escenari condicionat, a més, per la creixent incapacitat, tal com va assenyalar Antonio Turiel anteriorment, de les anomenades energies renovables per satisfer en el futur pròxim les actuals necessitats energètiques mundials. Tot això, per empitjorar les coses, en el marc d'una imminent crisi planetària de recursos com producte no només de l'proper superació dels 1.5 i 2 graus centígrads d'escalfament global, sinó que, així mateix, d'un augment potencial de la temperatura global que podria arribar durant aquest segle, tal com hem dit, fins als tres, quatre, cinc o fins i tot sis graus centígrads. I sumem a tot l'anterior, finalment, el desenvolupament de l'imminent i explosiu problema súper migratori que s'associarà, necessàriament, no només a l'aguda crisi alimentària internacional que acompanyarà l'avanç (ja irrefrenable) de l'escalfament global i la crisi climàtica, sinó que , a més, a un context internacional en el qual qualsevol mesura que pugui prendre per tractar amb aquests problemes s'enfrontarà a un escenari cada cop més desesperat i caòtic.

Tal com va assenyalar Turiel prèviament, Lowy en realitat confondria en els seus plantejaments el creixent consens científic entorn de la magnitud de l'canvi climàtic actual i les seves possibles projeccions durant aquest segle, les quals donarien en gran mesura per assegurat el desenvolupament d'un tipus d'escalfament global catastròfic en el curt termini i, d'altra banda, la sèrie de "consensos polítics" (configurats d'acord a criteris eminentment institucionals) de l'IPCC en els seus respectius diagnòstics (conservadors) de la gravetat de la crisi climàtica global, aquests últims basats sovint en un tipus de discurs de to interessadament consensuat, artificialment moderat i digerible per a les elits capitalistes i els governs al voltant de el món. Una de les característiques d'aquest discurs seria, precisament, posar l'accent en un convenient relat pel que fa a l'oportunitat que tindrien encara, suposadament, les burocràcies governamentals capitalistes per "aturar", mitjançant l'aplicació dels anomenats "acords climàtics internacionals", el curs catastròfic de l'actual crisi ecològica. Serien de fet justament aquests "consensos institucionals", sostinguts sobre la base tant d'una sèrie de fantasioses projeccions al voltant de la factibilitat d'unes ultra dràstiques disminucions de les emissions industrials durant la pròxima dècada, així com també de les fabuloses capacitats, igualment imaginatives , que hauria d'adquirir la geoenginyeria durant aquest segle per l'impuls d'un vast programa de "emissions negatives" (això en el cas, per exemple, d'una també fantasiosa implementació en gran escala d'una sèrie de tecnologies d'extracció de carboni atmosfèric), el que seria erròniament entès per Lowy a la manera de, tal com aquell afirma, un important "consens científic" respecte a la possibilitat que la humanitat encara tindria per "evitar" la catàstrofe. Això últim, és clar, amb la condició -sine qua non que la solució per "aturar" aquesta catàstrofe no es quedi només ni en l'esfera exclusiva de les reformes tecnològiques de sistema productiu, així com tampoc en el terreny dels mers plans governamentals de reducció de les emissions d'hivernacle, sinó que de passada, a més, a una completa "refundació ecosocialista" de la nostra civilització.

Una refundació socialista (color verd bosc) de la civilització industrial basada, tal com se li oblida assenyalar a Lowy i els seus amics, en els contes de fades dels ja esmentats "consensos institucionals" (no científics!) De l'IPCC, aquests mateixos contes de fades al voltant dels quals la gran diplomàcia mundial es dedica a xerrar cada any, per exemple en el marc de les inservibles conferències climàtiques, al voltant de les possibilitats que tindria encara, suposadament, la nostra monstruosa societat industrial (i els seus aviat 8 mil milions d'habitants) per "frenar" la catàstrofe que s'acosta. Contes de fades que després s'encarreguen de repetir, com lloros, encara que aquesta vegada de manera molta més barroera que en els casos de Lowy, Tanuro o Foster, els repetidors vulgars de l'Ecosocialisme en l'àmbit de l'marxisme industrial-contaminant tradicional; per exemple, entre altres, els ja esmentats cercles de militants "verds" (de sensibilitat vegana i grans admiradors de Greta Thunberg) que impulsen les "seccions mediambientals" de l'Esquerra Diari o la Xarxa Ecosocialista de l'MST argentí en alguns països com ara l'Argentina , Xile, Mèxic o Espanya.

Una suposada refundació "eco-amigable" de la nostra civilització basada, entre altres estupideses, en les mateixes "llaminadures ideològiques" elaborades per l'ONU al voltant de les capacitats, com ja vam dir fantasioses, que tindria la nostra absolutament destructiva societat de masses per torçar " a zero ", màgicament, en un parell de dècades, les milions de tones de gasos d'hivernacle necessàries per alimentar el" monstre industrialista "... aquestes" llaminadures "o" xumets "ideològics que s'encarreguen igualment d'mastegar, aquesta vegada de manera fins i tot encara més patètica que en els casos ja esmentats de l'Esquerra Diari o el MST argentí, els estafadors ideològics de la LIT-CI trotskista a les incipients reflexions "ecològiques", gairebé inexistents, que vénen portant endavant alguns militants aïllats a l'interior de les seves seccions nacionals. Aquests mateixos "xumets" ideològics, en definitiva, que succionen de tant en tant, repetint a la manera d'una cançó de bressol la frase de Gramsci al voltant de el "pessimisme de la raó i l'optimisme de la voluntat", tot aquell arc de "intel·lectuals ressò -marxistas "que (des de Michael Lowy fins als engalipadors eco-verds" amics "de Greta Thunberg de Roberto Andrés, Diego Lotito, Valeria Foglia o diumenge Lara de L'Esquerra Diari) s'entesten a discutir ocasionalment, llepant una vegada i una altra aquestes llaminadures mediambientalistes, la seva sèrie de molt esperançadores "solucions" socialistes i així mateix "verds" (alguna cosa així com una pegotina mitjana mal feta entre la consigna socialista tradicional de control obrer de la producció i l'exigència Greenpeace de "Salvem a Willy") a el problema de un rampell col·lapse mediambiental planetari. Això últim, és clar, en el cas que les organitzacions marxistes tradicionals tinguin, al menys, un que altre "eco-activista" que es digni si més no a impulsar algun espai (sempre marginal) en les publicacions, usualment els diumenges, del seu partit "obrer", publicacions en les quals dit militant pretendrà que la seva respectiva organització "obrera" sí que té, en realitat, alguna cosa a dir, encara que sigui de tant en tant, davant el "problema climàtic".

No! 'Cal ser clars i explícits! La possibilitat d'un horitzó de salvació comunista durant aquest segle requereix d'això! La construcció d'un projecte de redempció socialista, en la mort mateixa si cal, ho necessita! Hem de dir, clarament, en contra de la perspectiva "verda-optimista" simplona de l'Ecosocialisme i els seus sequaços ideològics, perspectiva que s'ha transformat en un obstacle, mortal, per a una real comprensió de l'amenaça a què ens enfrontem ... que el avanç d'una crisi ecològica catastròfica és ja imparable! És precisament sobre aquesta situació d ' "emergència climàtica global" (i ràpida catàstrofe mundial d'envergadura geològica) a partir d'on la revolució socialista ha de començar a discutir, tal com va fer Lenin i els seus germans bolxevics a principis de segle passat, encara que ara de cara a l'apocalipsi ... què fer?

- Antonio Turiel: ------- TORNAR INICI

La meva posició sobre aquest tema és una mica intermèdia, encara que molt més propera a la de Fonts que a la d'Lowy. Primer de tot, no és veritat que no puguem mitigar significativament el procés que està en marxa, i fins i tot és encara possible evitar les pitjors conseqüències. Però en aquest "podem" estem considerant la qüestió merament tècnica, física si volen. Si considerem el factor social, la inèrcia social és tan gran que fa albergar poques esperances que es vagin a fer els canvis necessaris en l'escàs temps disponible, entre altres coses perquè encara s'està jugant sobretot a la cerimònia de la confusió. Quanta gent creu que la cosa és qüestió de reciclar els envasos, no utilitzar bosses de plàstic, produir més energia renovable, augmentar l'eficiència i l'estalvi, i passar-se a l'cotxe elèctric? Són aquestes qüestions les que ocupen pràcticament tot l'espai de debat no només polític, sinó també públic, quan tot això no són més que, en realitat, falses solucions. Falses solucions que en el millor dels casos tan sols tracten els símptomes i mai les causes profundes, això quan no directament les confonen.

Cal anar, en realitat, molt més lluny que una revolució socialista: cal fer un canvi tremendament profund. Cal abolir l'interès compost, cal canviar per complet el sistema productiu, les relacions laborals, les relacions socials, la relació amb la Terra. Els canvis necessaris, imprescindibles en realitat, són tan grans que la seva mera enumeració causa avui un rebuig absolut, això en un context on el capitalisme té l'hegemonia total de l'discurs, allò a al punt que aquesta hegemonia no només limita el pensament de les persones sobre què futurs podem imaginar, sinó que també sobre com pot ser el seu col·lapse. Aparentment, un col·lapse a l'estil de -Mad Max- o -Apocalipsis Zombie- serien les úniques opcions, això tot i que al llarg de la història els col·lapses no s'han donat mai d'aquesta manera. Tal és el triomf de l'discurs de l'capitalisme que la majoria de la població no entén que es pugui fer un discurs per fora d'ell. En aquestes condicions, si no es produeix una revolució global i radical, efectivament no podem esperar res de bo. El clima s'acabarà de desestabilitzar i per quan s'intenti reaccionar fent alguna cosa en la direcció correcta faltaran els recursos.

TORNAR INICI

PREGUNTA 7.- Considerant l'actual ruptura dels equilibris ecològics de el període holocènic que han primat des de fa aproximadament deu mil anys al nostre planeta (un exemple d'això serien els més de 410 ppm de CO2 presents avui a l'atmosfera, 1 xifra no vista a la Terra en diversos milions d'anys): ¿és realista plantejar que el socialisme podria "restablir" l'anomenat "equilibri metabòlic home-natura", això tal com planteja el Ecosocialismo i els principals referents de l'ecologia marxista? És aquesta consigna una fantasia o una potencial realitat?

- Michael Lowy:

Francament, no sé si sigui possible una cosa així com "restablir" l'equilibri ecològic tal com va existir en el holocè. Però almenys hauríem (i podem fer-ho) prendre mesures enèrgiques que ens permetin superar la ruptura metabòlica que representa el capitalisme. L'anterior serviria així per crear condicions per a un nou equilibri entre l'home i la natura, un que pugui evitar la catàstrofe.

A partir d'aquí, la recomposició d'aquest equilibri no seria una fantasia, però tampoc (encara) una realitat. Ara bé, és l'única proposta racional per superar l'atzucac capitalista. Només una reorganització ecosocialista de la vida econòmica, social i política podria restablir, per la qual menors en part, l'equilibri metabòlic entre les societats humanes i la natura. No hi ha cap garantia, però, que s'aconsegueixi imposar una alternativa ecosocialista a el col·lapse civilitzatori. Això dependrà de tots nosaltres!

- Miguel Fuentes: ------- TORNAR INICI

Michael Lowy planteja, literalment, que no sap si puguem ser capaços de restablir l'equilibri ecològic que va prevaler a la Terra durant el període holocènic. Tot seguit, aquell afirma que, però, seria encara possible prendre una sèrie de mesures per superar l'actual ruptura metabòlica entre l'home i la natura, assegurant amb això les condicions per a la creació d'un "nou equilibri ecològic" que ens permeti, entre altres coses, "evitar" la catàstrofe. Bé! ¡Crear un nou "equilibri ecològic" que reemplaci el de l'holocè ... com no se'ns va ocórrer abans? I és que només n'hi hauria prou que integrem a el programa de la revolució socialista la consigna de la creació d'aquest "nou equilibri", això per exemple gràcies a una reorganització racional el sistema econòmic internacional i la redistribució de les riqueses mundials, perquè aquesta revolució pugui estar capacitada per generar, ni més ni menys, que un nou equilibri ecològic sobre el nostre planeta. Un nou equilibri ecològic configurat no al llarg de desenes o centenars de milions d'anys tal com va passar en el cas d'alguns dels anteriors equilibris geològics que van prevaler a la Terra en eres passades, sinó que, aquesta vegada, tan sols en dècades. I no només això, sinó que a més un tipus d'equilibri mediambiental amb la capacitat de, no importa quant hagin avançat fins ara les condicions de degeneració mediambiental induïdes pel capitalisme, permetre als set mil milions d'habitants que constitueixen l'actual població mundial no només seguir satisfent les seves necessitats materials de subsistència, sinó que, de la mà de la imposició de l'socialisme mundial, començar a gaudir d'unes condicions de vida "realment dignes".

¡Meravellós! La idea ecosocialista al voltant de la creació d'un nou "equilibri metabòlic" (un terme que els nostres ecosocialistes fan servir sovint per donar prova de la gran profunditat teòrica-pràctica de les seves propostes) sona bastant bé. D'una banda, aquella integraria tant els beneficis propis dels programes revolucionaris industrialistes dels segles passats (això pel que fa, per exemple, a l'assegurament íntegra i efectiva de les necessitats materials del conjunt de la població mundial), així com també , d'altra banda, els avantatges inherents a la creació d'un nou marc harmònic de relació entre la societat i el medi ambient. En altres paraules, una mena de els somnis de Lenin i Greenpeace unificats. ¿Es podria llavors, realment, demanar més? Si fins sembla que la fenomenal crisi ecològica i de recursos que s'aproxima fos una mena d'oportunitat (-in extremista) per a una "refundació verda" de la nostra civilització i no el que realment és; és a dir, no soló un dels productes més nefastos de les derrotes de la revolució socialista en els últims dos segles, sinó que, a més, una amenaça existencial imminent de la qual, probablement, no sortim vius.

Fem per tant un alt i discutim per què la sens dubte atractiva idea ecosocialista d'una restauració de l'anomenat equilibri metabòlic ha passat a ser, en les nostres condicions històriques, o bé una utopia, o bé una estafa ideològica. Partim aquí per preguntar-nos si és realment factible defensar la creació, tal com suggereix Lowy, d'un "nou" equilibri ecològic diferent a què imperés durant el període holocènic i que, davant la impossibilitat d'una restauració completa de les condicions d'aquest últim, ens permetria "evitar" el desenvolupament d'un canvi climàtic catastròfic. És conscient Lowy en aquesta afirmació que literalment tot el que hem conegut no només com a civilització, sinó que, a més, les pròpies bases de el desenvolupament de la primeres societats agrícoles-ramaderes i la vida sedentària va ser en gran mesura viable, justament, per l'existència dels rangs de variabilitat climàtica que van caracteritzar a l'avui agonitzant període holocènic? Té present aquest intel·lectual ecosocialista el fet que els pilars climàtics d'aquest període geològic van ser els que van fer possible, en gran mesura, el desenvolupament de totes les societats estatals des de les polis gregues fins als grans imperis colonials dels segles XIX i XX? Considera aquell que el mateix desenvolupament de l'capitalisme, basat en una lògica de creixement infinit, va ser també possible, precisament, per les condicions mediambientals generals de el període holocènic que, en combinació amb els avenços tecnològics i productius de l'economia capitalista, van conferir a aquesta última l'abundància de recursos agrícoles i naturals necessària per al seu funcionament i expansió? Té en compte Lowy, si a el parer total subvaluación de la importància fonamental que tindria el marc mediambiental holocénico per a la supervivència de la nostra pròpia societat, que ni tan sols sabem si seria factible preservar allò que hem anomenat fins ara com a civilització en un context geològic "diferent" a el de l'Holocè ... això últim ja que, almenys fins avui, la civilització mateixa ha estat, en els fets, un fenomen eminentment holocénico?

Més encara ... ¿tindrà present Lowy que qualsevol altre tipus d'equilibri ecològic que no estigui basat en la preservació de les condicions holocénicas seria molt probablement incompatible amb la supervivència d'una gran part de l'actual població mundial, això si es consideren, per exemple, les condicions climàtiques imperants durant el Pliocè, un període geològic que, caracteritzant-se per una temperatura global lleugerament superior a la dels últims mil·lennis, era massa calenta per a la preservació dels sistemes agrícoles actuals? De què estem parlant, per tant, quan s'afirma, lleugerament, que seria possible crear les condicions per a la configuració d'un "nou" equilibri ecològic que, diferent a l'holocénico, ens permetria "evitar" la catàstrofe? Són conscients els exponents ecosocialistes a l'realitzar aquestes afirmacions que la major part dels períodes geològics que han existit sobre la Terra, excepte l'Holocè, s'han caracteritzat per condicions molt més hostils per a la supervivència de la nostra espècie? Tenen en compte els ecosocialistes, una altra vegada, que la diferència de tan soló uns graus en la temperatura global mitjana durant aquest segle ens posaria davant d'un context climàtic massa calenta o massa fred per a la preservació de la humanitat sobre una gran part de la planeta, sent un exemple de l'anterior el difícil escenari paleoclimàtic que les societat humanes van haver d'enfrontar durant el Plistocè (o edat glacial); és a dir, un període geològic que amb només uns quants graus centígrads de temperatura per sota de la línia de base de segle XIX era tan fred que una porció significativa de la Terra era totalment inhabitable?

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Holocè i civilització en els darrers deu mil anys (variabilitat holocènica en blau)

No! Contràriament al que planteja Lowy, no existiria cap tipus d'equilibri ecològic "alternatiu" amb el qual simplement "reemplaçar" les condicions mediambientals (inusualment estables) existents durant l'Holocè. Aquestes condicions climàtiques que van imperar durant els últims deu mil anys a la Terra i el marc geològic base ja hauria estat volat en trossos per l'avanç de la destrucció capitalista, això tal com mostra, per exemple, el recent excés de el límit dels 400 ppm de CO2 atmosfèric, un nivell no vist sobre el nostre planeta en diversos milions d'anys. Aquesta destrucció ambiental capitalista responsable, així mateix, dels actuals ritmes d'acidificació marina (sense precedent en els últims 300 milions d'anys) i les inèdites taxes de desaparició de les espècies, les quals han arribat ja nivells entre un 100% i un 1.000% superiors a les taxes naturals. No! L'equilibri mediambiental holocénico; és a dir, l'únic equilibri geològic que la civilització ha conegut fins avui, ja ha estat polvoritzat ... això fins i tot abans d'haver-se excedit la barrera catastròfica dels 1.5 graus centígrads d'escalfament global fixada per l'ONU!

concentracionco2geologico

Nivells actuals de CO2 a escala geològica

I resulta que aquest equilibri mediambiental, desfet ja pel frenesí destructiu de la societat industrial, no pot ser ni "reparat", això tal com tampoc no pot ser reparada (encara amb tot el nostre desenvolupament tecnològic!) Una ampolla de vidre a l'estavellar-a tota velocitat en contra d'un mur, així com tampoc, tal com vam dir, "reemplaçat". Això últim, precisament, perquè els equilibris geològics no són simplement ampolles que puguin ser intercanviades després que alguna d'aquelles s'hagi "trencat" (o "fracturat"), sinó que, per contra, el resultat d'una complexa interacció d'ecosistemes i factors climàtics al llarg de milers d'anys de la qual, en molts casos ... no coneixeríem pràcticament res.

Un exemple de l'anterior pot trobar-se en el cas de l'estat de el coneixement científic sobre els oceans, els quals tot i la importància vital que posseeixen per a la reproducció de les cadenes tròfiques de l'planeta, serien fins avui fins i tot més desconeguts per a la humanitat que el espai exterior (fins a l'any 2016, per exemple, només el 5% de terra marí havia estat inclòs en registres topogràfics). Una altra mostra del mateix es trobaria en la nostra comprensió (incomprensió, millor dit) de l'funcionament i caràcter d'un altre dels components essencials de la vida natural: els sistemes arboris. Donant compte de les importants llacunes de el pensament científic modern al voltant de l'funcionament dels ecosistemes terrestres, recents investigacions han deixat en evidència el gairebé complet desconeixement que caracteritzava a les ciències naturals, fins fa només alguns anys, al voltant de l'existència d'una vasta xarxa de comunicació entre una gran part de les comunitats arbòries de la planeta. La complexitat d'aquesta xarxa seria de tal envergadura que aquella destacaria, de fet, per la presència d'importants fenòmens de cooperació i competència social entre arbres, tenint aquests últims fins i tot la capacitat no només de comunicar-se entre si potencials perills, sinó que a més de conformar extenses "comunitats" en les quals una determinada "família" podria arribar en certs casos, sorprenentment, a transferir nutrients als seus membres més necessitats.

Això són només dos exemples il·lustratius, en dos sectors neuràlgics dels ecosistemes terrestres, de les tremendes limitacions (insalvables d'acord amb diversos pensadors) que tindria el desenvolupament científic actual (i probablement el de moltes dècades en el futur) per pensar en assumir , seriosament, qualsevol tipus de "reparació" o "reemplaçament" (ecosocialista) dels ja definitivament "fracturats" (o millor dit desfets) equilibris holocénicos. Afegim a això que ni tan sols hem esmentat encara, tal com desenvoluparé en una de les meves següents respostes (veure pregunta 8), les enormes limitacions que tindrien els avenços tecnològics contemporanis (i potser els de les pròximes centúries) per arribar fins i tot a imaginar una restauració no traumàtica (és a dir, que no es cobri la vida de centenars o milers de milions de persones) de tan sols una part d'aquests equilibris, això últim, és clar, si és que alguna cosa així com la restauració d'una "part" de un tot tan complex com el cicle de la vida terrestre pugui ser possible.

intercanvi d'nuctrientes en arbres

Xarxa arbòria d'intercanvi de nutrients (1)

El que ens estaria mostrant l'evidència científica com a perspectiva més probable seria així, amb cada vegada més força, l'obertura d'un nou període geològic marcat per un progressiu desequilibri estructural i degradació terminal del conjunt dels ecosistemes terrestres. Seria justament a això al que apuntaria un creixent nombre d'investigadors a l'defensar la idea el començament d'un nou període geològic caracteritzat per l'inici de la VI extinció massiva de la vida terrestre. Un altre terme per a aquest nou període geològic seria el de Antropocè. L'important que s'ha de tenir aquí en compte és que tots dos conceptes aludirían a el desenvolupament d'un marc mediambiental definit no només per un empitjorament progressiu (i irreversible) de les condicions d'habitabilitat humana sobre el planeta, sinó que, a més, per plantejar la possibilitat d'un salt encara més catastròfic de la crisi climàtica, aquest cop amb la capacitat d'amenaçar durant aquest segle o els següents el conjunt de la vida complexa existent a la Terra. Una de les perspectives més temudes per alguns científics que mostraria aquesta possibilitat seria la de l'inici d'una dinàmica de súper-acceleració de l'escalfament global (perspectiva definida sota el concepte de Runaway Global Warming), això per exemple en el cas de produir-se l'alliberament ( potencialment propera) de les massives reserves naturals de metà emmagatzemades en el permafrost o els llits marins a les zones àrtiques. Dit d'una altra manera, un escenari mediambiental en gran mesura impredictible, associat a un context planetari no necessàriament modelat per l'acció d'aquells mecanismes d'homeòstasi terrestre als que fes al·lusió Turiel prèviament, sinó que, per contra, a un que sigui testimoni d'una re-edició (o d'alguna cosa potser pitjor) d'alguns dels fenòmens més destructius de la història geològica: per exemple, d'aconseguir-se un escalfament global entre 5 i 6 graus centígrads durant aquest segle, l'extinció pérmica.

Tot apuntaria així, com vam dir, a un escenari objectiu incompatible amb la restauració de cap "equilibri metabòlic", això almenys durant aquest segle i, probablement, els propers anys. L'escenari més coherent amb l'evidència científica disponible semblaria ser, per contra, un en el qual la humanitat no comptaria ja amb la possibilitat ni d'aturar la dinàmica de degradació terminal de les condicions geològiques de l'expirante període holocènic, així com tampoc de reeditar altres condicions naturals "alternatives" (similars) a aquelles. Havent-se ja perdut irremeiablement durant el segle passat la possibilitat d'una superació revolucionària de l'capitalisme que ens hagués permès enfrontar probablement en millor peu la situació (abismal) de trencament ecosistèmic en què ens trobem avui, el que ens quedaria ara seria un escenari (inevitablement traumàtic ) en el qual mentre un segment important de la humanitat estaria ja condemnat, literalment, a la desaparició (és a dir, a la mort), l'altre estaria per fer front a un empitjorament progressiu, irreversible i sistemàtic de les seves condicions de vida. Això últim, tal com ja vam dir, amb o sense socialisme mundial ... i sense poder descartar l'avanç d'un potencial fenomen d'extinció humana total en el mitjà o llarg termini, allò en el cas que la societat capitalista declinant o les seves possibles derivacions post -colapsistas, que seran segurament monstruoses, tampoc aconsegueixin ser "superades" a temps. De fet, seria només aquesta manera "sui generis" de superació (senil) de l'capitalisme; és a dir, un tipus de "superació" de la mateixa que estaria ja incapacitada per aturar o frenar el fenomen ja activat de col·lapse civilitzatori, l'única "superació" possible d'aquest sistema o de les potencials societats post-capitalistes que podrien succeir-li en l'escenari històric durant aquest segle o en els pròxims.

Aquest és el preu nostres fracassos! Aquest és el resultat de la nostra incompetència per complir amb la tasca d'eliminar, d'arrel, a el capitalisme! Aquesta és la nostra recompensa! No la possibilitat d'una reedició "verda" (ecosocialista) dels nostres projectes revolucionaris ja fracassats, sinó que, per contra, l'exterminació segura, inevitable, d'una gran part de la nostra espècie! Sens dubte, el procés històric futur no se'ns presenta a la manera d'aquesta amable consellera a la qual semblaria apel·lar el discurs ecosocialista en les seves arengues mediambientals, aquesta "consellera ecosocialista" que, oscil·lant sempre entre les apel·lacions a la revolució social i el reformisme acadèmic més grotesc (la pròpia organització de Lowy, la LCR, és un exemple perfecte d'això últim), semblés convidar-nos a cada moment a que intentem avançar, per enèsima vegada, tot i que ara en un termini de tan sols unes quantes dècades, pel camí d'aquesta mateixa transició socialista que hem estat incapaços de travessar en més de dos segles, sinó que, en realitat ... com una hiena d'ulls de sang que, sabent-nos acorralats, es disposa a esbudellar. Aquest és el preu de les derrotes de la revolució: la mort!

¿Però vol dir això que ja no pugui fer-se res per enfrontar la crisi que s'acosta i que hem de, llavors, simplement asseure'ns a esperar la nostra extinció? No necessàriament. El que vol dir això, en realitat, és que, precisament perquè puguem fer alguna cosa davant d'aquesta crisi, una de les primeres qüestions que hem de fer és reajustar les nostres expectatives pel que fa al que, d'acord a un criteri realista, podrem arribar (o no) a fer durant aquest segle per enfrontar l'ensorrament. Això últim per intentar resistir, de la millor manera possible, allò que, si tenim en compte la veritable gravetat i magnitud dels fenòmens de destrucció ecosistèmica que hem desencadenat, es presenta ja com un dels desafiaments evolutius més importants als quals s'ha enfrontat (i enfrontarà) l'espècie humana.

Però com és possible que Lowy i una gran part dels referents de l'Ecosocialisme passin per alt (o, al menys, no integrin plenament) el cúmul d'evidències científiques disponibles pel que fa a l'caràcter i les projeccions catastròfiques -reals- de l'actual crisi ecològica i energètica? Donat el protagonisme que han tingut aquests referents durant les últimes dècades en l'avanç de la discussió anticapitalista al voltant de el problema mediambiental, és impossible explicar l'anterior com el producte d'un mer desconeixement d'aquestes evidències. La raó de l'trenqui, cada vegada més agut, entre les concepcions ecosocialistes, per una banda, i les projeccions creixentment catastròfiques de la crisi climàtica-energètica, de l'altra, enfonsa les seves arrels, al meu parer, en l'àmbit de la pròpia matriu teòrica amb la qual el Ecosocialismo ha tendit a comprendre no només el concepte de "fractura metabòlica", sinó que, a més, les pròpies capacitats que tindria, suposadament, un projecte anticapitalista per revertir-la.

En el cas de Bellamy Foster, per exemple, un dels teòrics marxistes més importants de el concepte de "fractura metabòlica" en Marx i les elaboracions constitueixen una mena de pedra angular de el pensament ecològic marxista contemporani, el que existiria és, al meu parer, un doble problema l'origen podria rastrejar-se en el propi Marx. El primer d'aquests problemes seria, tal com he esmentat a el passar anteriorment, una marcada subvaluación a les concepcions d'aquest autor tant de l'autèntic caràcter catastròfic que tindria avui la crisi ecològica, així com també dels seus potencials efectes disruptius a el nivell de el desenvolupament històric i la lluita de classes. Aquesta subvaluación s'expressaria, entre altres coses, en una escassa integració en la reflexió ecosocialista de les implicacions teòrico-programàtiques i pràctiques dels perills (propers) d'un ensorrament ecosistèmic global i un fenomen imminent de col·lapse civilitzatori i extinció humana. En l'àmbit de les organitzacions marxistes influenciades en major o menor grau per les idees de Foster i l'ecologia marxista, l'anterior prendria la forma d'una manutenció, en gran mesura incòlume, dels mateixos marcs programàtics marxistes tradicionals de segle passat, encara que ara adornats (-aggiornados-) amb una sèrie de discussions filosòfica-polítiques de to ecològic i una gamma variada de consignes mediambientals la finalitat seria actuar, no com el catalitzador d'una profunda reformulació estratègica revolucionària capaç d'integrar l'horitzó d'un col·lapse ecològic planetari, sinó que, per contra, a la manera d'un tipus de "complement verd" (ecològic) dels vells programes marxistes industrials.

Amb tot, lluny de constituir això últim, a el dir de Bellamy Foster, el producte d'una suposada "escassa comprensió" per part de les organitzacions marxistes tradicionals dels postulats ecològics presents en l'obra de Marx i Engels, l'arrel d'aquest problema podria detectar-se, com ja vaig esmentar, en les reflexions de l'propi Marx qui, tot i haver estat un dels primers pensadors socialistes a descriure la dinàmica disruptiva que exerceix el capitalisme sobre els cicles naturals (d'aquí la seva definició en "el capital" de " fractura metabòlica "), no va arribar mai a concebre, possiblement pels mateixos condicionants històrics i culturals de el coneixement científic del seu temps, ni els ritmes ni la magnitud (geològicament inèdits) que podria arribar aquesta" dinàmica de fractura ". En altres paraules, la definició que fes Marx a "El capital" al voltant de la "fractura metabòlica" (una designació, com vam dir, per representar l'impacte ecològic disruptiu associat a la manera de producció capitalista) constitueix la "intuïció teòrica" d'un fenomen que devia, encara, materialitzar històricament. Hauria estat recentment durant la segona meitat de segle passat quan aquest fenomen hauria acabat, de fet, no només de desplegar tota la seva potència destructiva, sinó que, a més, de manera imprevista per al propi marc teòric marxista tradicional, de constituir-se en un dels factors potencials de col·lapse més importants de el sistema capitalista.

L'avaluació que fan Foster, Lowy i altres referents de l'Ecosocialisme pel que fa a l'perill que representaria avui l'empitjorament (a nivells mai vistos) de la "fractura metabòlica", es quedaria així, per tant, a mig camí (atrapada) entre la definició "intuïtiva" (eminentment teòrica-hipotètica) de la mateixa que fes Marx durant el segle XIX, d'una banda, i l'estat de la discussió científica actual al voltant de el problema de la crisi ecològica, de l'altra. Seria justament aquest "empresonament teòric" entre la insuficient (i en alguns aspectes caduca) reflexió de Marx pel que fa a la definició de "fractura metabòlica" i l'estat actual de la discussió científica al voltant de la crisi climàtica el que impediria a l'Ecosocialisme, entre altres coses, avançar cap a un veritable reflexió teòric-programàtica (actualitzada) de l'perill d'un ecocidi planetari. És just esmentar aquí, però, que va ser ja el propi Marx qui suggerís en diferents passatges de la seva obra, tal com ha desenvolupat extensament el mateix Bellamy Foster i altres ecòlegs marxistes, el perill d'un potencial fenomen d'extinció de la nostra espècie com a resultat de, per una banda, una intensificació de l'fenomen d'alienació de l'capital respecte a el medi natural i, d'altra banda, d'una exacerbació dels desgavells mediambientals dels que aquell era testimoni.

john Bellamy foster

John Bellamy Foster

El segon problema associat a la lectura ecosocialista de el concepte de "ruptura metabòlica" es relacionaria, tal com és possible advertir en els treballs de Foster i en algunes de les respostes anteriors de Lowy, a l'existència d'un marcat sobreoptimismo pel que fa a les capacitats que, suposadament, tindria el socialisme per implementar les respostes socials i tecnològiques requerides per superar l'actual crisi ecològica (com hem dit, d'una magnitud que ni tan sols el propi Marx va arribar a concebre). Aquest tipus de exacerbat "optimisme sociològic" (o "soci-tecnològic") s'expressaria, així mateix, en una tàcita sobrevaloració en el marc interpretatiu ecosocialista de les capacitats atribuïdes a l'capitalisme per evitar, o al menys per ajornar indefinidament, un fenomen de col·lapse social (autoinducido) com a resultat de l'agreujament de la crisi ecològica i la seva combinació amb els efectes d'un potencial ensorrament energètic i de recursos a nivell planetari. Cal destacar aquí, amb tot, que aquesta sobreestimació de les capacitats de el sistema capitalista per evitar el seu propi col·lapse no es donaria en l'àmbit ecosocialista de manera explícita, sinó que, per contra, d'una manera vergonyant. Això vol dir que mentre la majoria dels referents ecosocialistes acceptarien (teòricament) la possibilitat d'un col·lapse capitalista (això últim apel·lant, per exemple, als plantejaments de certs pensadors marxistes com ara Rosa Luxemburg o Walter Benjamin), aquells acabarien sempre per ajornar aquesta possibilitat per a un futur indefinit i abstracte; és a dir, sense realitzar una integració real de la mateixa en l'anàlisi històrica. Una mostra d'aquest tipus de posicions vergonyants es pot veure, una altra vegada, tant en algunes de les respostes anteriors de Lowy, així com també en diverses de les postures defensades per altres referents ecosocialistes com ara Daniel Tanuro o Ian Agnus. Mostres addicionals del mateix poden trobar-se en l'àmbit dels ja esmentats repetidors vulgars de l'Ecosocialisme en el terreny de l'marxisme industrialista llatinoamericà: per exemple, en el cas dels ja esmentats "cercles verds" de certes organitzacions tall-socialdemòcrates i trotkystas com ara com el PTS, al PTX o la Xarxa Ecosocialista de l'MST a Argentina i Xile. Una altra mostra de l'anterior pot trobar-se, aquest cop a un nivell que ratllaria en el grotesc, en algunes de les escasses (i pobríssimes) reflexions de la LIT-CI sobre la problemàtica ambiental.

L'existència d'aquesta forma de sobreoptimismo sociològic, el qual constituiria un dels segells teòrics de l'ecologia marxista clàssica i el pensament ecosocialista, tindria també les seves arrels en altres de les posicions, de to industrial-productivistes, defensades per Marx i Engels al llarg de les seves vides. Una d'aquelles pot trobar-se en els arguments de Marx en el seu acalorada (i possiblement exacerbada) refutació de les idees de Malthus al voltant d'un possible ensorrament poblacional com a efecte de la tendència a l'esgotament dels sòls agrícoles. Contràriament a la perspectiva catastrofista de Malthus, Marx va defensar en aquest llavors el postulat que l'avanç de el desenvolupament tecnològic característic de sistema industrial seria, de fet, prou dinàmic com per evitar, de manera permanent, un escenari de col·lapse demogràfic com el plantejat per la hipòtesi malthusiana, determinada per la combinació entre una població humana en continu creixement, d'una banda, i una situació d'escassetat alimentària creixent, de l'altra. Si bé les posicions de Marx van constituir en el seu moment una correcta refutació de les idees malthusianes, aquelles van tenir el límit de no reconèixer la possible validesa futura d'algunes de les previsions elaborades per Malthus, això per exemple en el cas de produir-se un salt (imprevist ) de les condicions de degradació ecològica planetària. La importància d'això últim queda de manifest si es consideren els desafiaments estructurals que estaria començant a enfrontar avui la producció agrícola mundial com a efecte tant de l'esgotament de la passada "revolució verda" (la qual hauria acabat per generar greus desgavells a el nivell de les bases de la producció agrícola), així com també dels impactes inicials de l'canvi climàtic sobre aquella.

Ara bé, tot i que no és possible atribuir a Marx la responsabilitat de no haver predit el canvi que tindrien les condicions objectives de el desenvolupament històric preses en compte per aquell en l'elaboració de la seva resposta a la hipòtesi de la catàstrofe malthusiana, sí que és possible detectar en seves postures, al menys, una confiança possiblement excessiva, explicable sens dubte per l'apogeu en aquests moments de la major transformació tecnocientífica que hagi experimentat la humanitat fins a aquest llavors: la revolució industrial, en les capacitats d'un desenvolupament tecnològic suposadament continu, unilineal i, possiblement en les concepcions de Marx, "perpetu". Seria precisament l'existència d'aquesta empremta desenvolupista industrial existent en diversos dels postulats fundacionals no només de l'obra de Marx i Engels, sinó que, a més, en la d'alguns dels principals exponents de l'Marxisme clàssic (per exemple, Lenin, Trotski, Luxemburg o Gramsci), el que es trobaria a la base de el ja referit desmesurat "optimisme sociològic" que impregnaria molta de les posicions de l'Ecosocialisme.

Altres aspectes de l'exacerbat optimisme soci-tecnològic que caracteritzaria els plantejaments ecosocialistes s'alimentarien, així mateix, de les postures tradicionals de l'marxisme tradicional al voltant de les preteses capacitats que tindria la classe obrera per liderar una transició socialista suposadament apta, fins i tot davant la perspectiva d'el desenvolupament d'una crisi ecològica súper catastròfica, per satisfer íntegra i efectivament les necessitats socials de la humanitat. Es pressuposa aquí que, gràcies a la ubicació objectiva d'aquesta classe en el sistema productiu (perspectiva sociològica), aquella es veuria facultada automàticament (al menys en el pla objectiu) per assegurar, per exemple, mitjançant la instauració d'un sistema d'economia planificada , una transició a l'socialisme plenament "harmònica" amb la natura. Una de les característiques d'aquestes posicions, les quals donen moltes vegades per asseguda, de manera acrítica, aquesta suposada facultat que tindria el proletariat per aconseguir una "reorganització soci-ecològica" efectiva de les relacions productives, seria en moltes ocasions defugir, tal com hem esmentat en diversos llocs anteriorment, no només d'una veritable problematització científica, teòrica, política i programàtica de la crisi ambiental contemporània, sinó que, a més, de qualsevol consideració de les possibles "distorsions estructurals" que un fenomen de crisi ecològica i col·lapse civilitzatori inicial podrien començar a generar en la dinàmica de la lluita de classes contemporània, això fins i tot abans d'una fase oberta (o plena) de crisi ecosocial catastròfica mundial. Una mostra extrema ( "mestra") de l'exacerbat optimisme soci-tecnològic present en la tradició marxista industrialista pel que fa a les capacitats que tindria el proletariat, pretesament, per a la generació d'un nou marc "socionatural" de desenvolupament civilitzatori pot trobar-se, encara que elaborades en un altre context històric, en algunes de les idees de Trotsky defensades en "Literatura i Revolució" al voltant de la suposada possibilitat d'un domini gairebé total de la naturalesa per part del "nou home socialista". Aquesta discussió serà represa en algunes de les meves següents respostes en aquest debat. De moment puc recomanar als lectors pel que fa a aquest tema el molt interessant article de Daniel Tanuro "La pesada herència de Lleó Trotski".

- Antonio Turiel: ------- TORNAR INICI

Té raó Fonts quan tan detalladament explica que tornar a l'equilibri de l'Holocè, aquest paradís perdut, és a hores d'ara impossible; en primer lloc, perquè el mateix Holocè representa una anomalia geològica, un que va fer possible la proliferació de la vida humana i que, probablement, hauríem d'haver fet l'impossible per preservar - tasca que ja era difícil de per si. Sabem que fins i tot la pròpia agricultura tradicional, per exemple, tendeix a deteriorar la capa fèrtil de terra amb l'arada repetit de la terra. Igualment, a l'eliminar-se els boscos per guanyar terreny per cultivar s'eliminen els paravents naturals, produint això últim un tipus de desequilibri d'aquests terrenys que acaba causant fenòmens com el -Dust Bowl- dels anys 30 als EUA Segurament una cosa semblant, combinat amb un canvi climàtic a escala regional (possiblement agreujat pels canvis en la cobertura vegetal que va modificar la evaporatranspiración d'aquesta zona) va convertir el Creixent Fèrtil a la zona desèrtica que és ara mateix.

La veritat és que el nostre coneixement científic actual és molt limitat i per això la pretensió que som capaços de "restablir ecosistemes" és bastant il·lusòria. Estem llunyíssim de poder fer tal cosa, entre altres coses perquè els ecosistemes experimenten processos d'histèresi i una vegada que els allunyes molt del seu punt d'equilibri, aquells simplement no poden tornar a l'estat anterior, acabant així forçosament en un nou estat, el qual pot ser per als nostres interessos poc convenient. En general, els nous ecosistemes, que són molt estables, són de baixa biodiversitat i bastant àrids. Des d'aquí és que, essencialment, convertim el que alterem en deserts, els quals són molt estables i difícils de revertir. I a la Natura el porta desenes de milers d'anys convertir un desert en un terreny fèrtil, i nosaltres, en la nostra prepotència, creiem poder fer-ho en qüestió de dècades. Quina va!

Atès que no entenem tots els engranatges de l'equilibri ecosistèmic, hauríem de seguir un principi d'elemental precaució i simplement intentar disminuir la nostra petjada, alterant tan poc com sigui possible aquests ecosistemes. No intentem remeiar res: simplement, intentem no fastiguejar més.

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Llegiu-lo en els següents lliuraments d'aquest debat (avançament)

-Michael Lowy:

Aquest argument il·lustra l'estil arrogant, intolerant, sectari i estèril de certs grupuscles "colapsistas".

-Miguel Fonts:

L'ensorrament electoral de l'trotskisme i l'anticapitalisme francès i argentí davant la dreta i el peronisme, així com també la total adaptació de l'Ecosocialisme a la consigna reaccionària de "petroli barat" de les armilles grocs, demostra la fallida d'una esquerra que no està discutint les implicacions d'un pròxim fenomen de col·lapse.

propera secció

-Ecosocialismo versus Marxisme Colapsista (IV)

Discutint les capacitats de la tecnologia i el socialisme per "frenar" un canvi climàtic catastròfic

-Les seccions anteriors d'aquest debat poden llegir-se en el següent enllaç:

https://www.scribd.com/document/441112422/Michael-Lowy-Ecosocialismo-versus-Colapsismo

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Materials de llançament recent

-El Horitzó d'un col·lapse civilitzatori imminent. Entrevista de Paul Walder a Miguel Fonts (I)

Enllaç: http://www.politika.cl/2019/12/14/parte-i-el-horizonte-de-un-colapso-civilizatorio-inminente-conversacion-entre-paul-walder-y-miguel-fuentes/

-La inevitabilitat de la catàstrofe. Entrevista de Paul Walder a Miguel Fonts (II)

Enllaç: http://www.politika.cl/2019/12/22/conversacion-con-miguel-fuentes-parte-ii-la-inevitabilidad-de-la-catastrofe-eco-social-planetaria/

...

Materials addicionals (en línia)

ecosocialisme

- Manifest Ecosocialista. https://www.rebelion.org/hemeroteca/sociales/lowy090602.htm

- Ecosocialismo i crisi civilitzatòria. https://razonyrevolucion.org/crisis-ecologica-crisis-capitalista-crisis-civilizatoria-la-alternativa-ecosocialista/

- Michael Lowy, la Crisi Ecològica i el Col·lapse. https://www.elmostrador.cl/noticias/mundo/2017/05/28/michael-lowy-advierte-sobre-la-crisis-ecologica-es-un-tren-suicida-que-avanza-con-una- rapidesa-creixent-cap-un-abisme /

marxisme Colapsista

-Presentació de "Marxisme i Col·lapse": https://www.eldesconcierto.cl/2019/03/09/marxismo-y-colapso-la-ultima-frontera-teorica-y-politica-de-la-revolucion/

- Marxisme i Col·lapse Web: https://www.marxismoycolapso.com

- Marxisme i Col·lapse Facebook fanpage: https://www.facebook.com/Marxismo-y-Colapso-Redes-104267944397619/

Teoria de l'Decreixement

- L'esgotament de l'petroli (Antonio Turiel) https://www.comillas.edu/images/catedraBP/Presentacion%20Antonio%20Turiel.pdf

- Antonio Turiel (Entrevista) https://ultimallamadamanifiesto.wordpress.com/2018/12/11/turiel-la-transicion-a-las-energias-renovables-implica-el-fin-del-crecimiento-y-por- tant-el-fi-de el-capitalisme /

- The Oil Crash Bloc: http://crashoil.blogspot.com/

(1) How Trees Secretly Talk to Each Other in the Forest ( https://www.youtube.com/watch?v=7kHZ0a_6TxY ).

CONCEPTES COLAPSE ANÁLISIS SISTÉMICO DEL COLAPSO (índice) COLAPSISME : ADAPTACIÓ PROFUNDA
TRANSICIÓ... I ENCARA MÉS Ecosocialisme i Colapsisme MÉS APORTACIONS
 
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